Buscando un lider

El factor común de los grandes líderes políticos es que sabían gobernar hasta para los que no les habían votado

Habida cuenta de lo que se dice en el mundo real (el de la ciudadanía) hay que hacer una afirmación categórica: la mayoría desecha a los políticos actuales. Amén de las cuestiones de fe en los dogmas, insignias y banderas, o por razones de clientelismo, no existe demasiados elogios que alaben el trabajo de los de la casta. Al contrario, el ciudadano de a pie cuestiona en gran medida la intencionalidad de estos. A través de reflexiones más sencillas, coinciden con las opiniones de algunos doctos cuando afirman que la política se basa en el teatro griego y que los políticos son ante todo actores que representan un guión muy bien escrito. Hay público y director de la obra, aplausos, abucheos, palomitas, y programas de televisión con el mismo formato que el de la prensa rosa. Y entre tanto… entre acto y acto, se gestiona lo público. Por todo ello la mayoría siente rechazo por los líderes políticos actuales. Es la verdad. No existe un carisma democrático como el de Adolfo Suarez, ni un talante honrado como el de Nicolás Salmerón, y tampoco un discurso tan sincero como el de Julio Anguita. Tampoco hay un reformista como Manuel Azaña, ni un valiente como Tierno Galván (que si no lo saben fue doctor en filosofía y el primero en traducir el Tratactus de Ludwig Wittgenstein). No tenemos en nuestro horizonte un perfil de político al que admirar o uno al que seguir sin miedo al engaño o a la estafa moral. Al contrario, tenemos dudas respecto a los que nos representan porque no confiamos demasiados en sus planes. El proceso histórico del 15M aún no ha parido una generación de políticos de plena confianza. Solo nos ha dejado un necesario pluralismo que le queda mucho por mejorar. Y mientras el ciudadano espera un nuevo líder en el que creer. La razón de ello es que no se siente gobernado sino ninguneado. Piensa que la casta solo gobierna para sus votantes. Y eso es un acto de hipocresía política porque el cargo público debe gobernar para todos, hasta para los que no les han votado. No es honrado ni justo gestar legislaciones solo para los votantes. Ese es el rasgo principal que diferencia a un gran líder político de un político de paso: saber gobernar para todos; y hacerlo por principios y amor a la ciudadanía, por patriotismo. Ese rasgo también es el factor común de los grandes líderes históricos de este país, algo de lo que carecen los políticos actuales.

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