Apenas eran las ocho de la tarde y las calles desiertas daban una pátina de tristeza a todo cuanto le rodeaba. Unos días antes, todo era bullicio, niños pegados a escaparates llenos de juguetes, señalando a sus padres los que habían pedido a los reyes, y el centro de la ciudad iluminado con luces de múltiples colores. Hoy, la noche estaba cerrada y nubosa, el silencio se había adueñado de sus calles, y no había un alma pisando las aceras, mojadas por una humedad que calaba hasta los huesos. Se levantó la solapa del abrigo, tapándose el cuello hasta las orejas, con el deseo de llegar pronto a casa para entrar en calor.A pesar de vivir en el sur del sur de Europa, donde las temperaturas rara vez bajaban de los cero grados, soportaba muy mal el frío húmedo de estas tierras. Nada más entrar en su portal se sintió aliviada, como si hubiese entrado en zona segura, después de cruzar el frente en una imaginaria batalla contra el miedo y la soledad. Nunca pudo zafarse de una rara sensación de inseguridad cuando cruzaba una calle solitaria por la noche, por muy iluminada que estuviese, y ello a pesar de vivir en una de las ciudades más seguras del mundo. Subió rápidamente a su casa, y la recibió el calor del hogar, invadiéndola una ola de calidez indescriptible, no había nada como volver, quitarse la ropa helada, ponerse pijama y zapatillas. Se dejó caer en el sillón, con el libro de Administrativo entre sus manos, tenía que prepararse la clase del día siguiente. Al otro lado de la ciudad, en un barrio de las afueras, una chica trataba de estudiar a la luz de una linterna, hacía meses que no tenían electricidad en casa, tampoco en las calles. En cuanto se ponía el sol no se podía salir, las calles oscuras eran inseguras, todo podía ocurrir con la más absoluta impunidad. Sus padres eran unas personas de modesta economía, por lo que solo podían pagarse esa vivienda, aunque ganaban lo suficiente para darles una vida digna. No les faltaba ropa y comida, pero la electricidad era un lujo inaccesible en aquel barrio, simplemente no llegaba. Había días como hoy, en que no podían combatir el frío que entraba por los resquicios de las ventanas. Sus quejas expuestas en respetuosos escritos, quedaban escondidas entre las piedras de algún imaginario muro de las lamentaciones, y la empresa "sorda", no restablecía el suministro eléctrico. El alumbrado público, irónicamente "brillaba por su ausencia". A pesar de su origen humilde, había logrado acceder a la Universidad, hoy tenía clase de Derecho Administrativo y, con el corazón destemplado, preguntó a su profesora: era el alumbrado un servicio público que debían garantizar los ayuntamientos a sus vecinos?, seguía en vigor un sistema feudal de privilegios, que permitía dejar calles sin luz y corazones destemplados? SILENCIO. OSCURIDAD.

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