República de las Letras

COSAS QUE APRENDÍ DE LA PANDEMIA

Aún no ha acabado, pero ya podemos decir que hemos aprendido algunas cosas de la pandemia

Aúnno ha acabado la pandemia ni sabemos cuándo ni cómo acabará, pero, en lo que toca al Sistema Mundial, ya vemos que poco lo va a cambiar. El Capitalismo tiene un grandísimo poder de adaptación y, aunque chirríe, absorbe los acontecimientos y los recicla en su propio provecho. El mundo no va a ser el mismo después de la pandemia. Lo que no sabemos es si será mejor. Mejores o no, saldremos distintos, porque todo lo que nos pasa, el decurso de la Vida, siempre nos enseña algo. Algo que cada uno aprovecha o no a su manera.

Pero, por lo pronto, la pandemia nos ha enseñado algunas cosas de forma inmediata. Nos ha enseñado que el Sistema Sanitario es esencial para la economía. Y que la Economía es más importante que la salud. Ahora sabemos también que las llamadas residencias de mayores eran en realidad un aparcamiento de viejos a la espera de morir, lugares que no deben ocasionar grandes gastos y por esto la mayoría no estaban medicalizadas. Sabemos que uno vale cuanto es útil al Sistema, por lo que muchos de estos "mayores" murieron abandonados y fueron las primeras víctimas del coronavirus. Hemos aprendido que a muchos políticos les interesa mucho más el mantenimiento del cargo que la pandemia, y que a la oposición le importa más derrocar al Gobierno que vencer al virus. También hemos aprendido que la educación que se les ha impartido a los niños y jóvenes durante toda la época de la EGB y lo que va de ESO es deficitaria en valores sociales. No ha habido una educación social o educación para la convivencia o educación en valores o como quiera llamarse a esa parte del currículo que diera a conocer a los alumnos y las alumnas de los centros escolares -por lo menos, los estatales- la composición, funcionamiento y fines de la sociedad que los contiene y el papel del individuo dentro de ella. Entre ese tipo de educación recibida y las escasas salidas económicas que se les ofrece, hemos creado una juventud desligada de la sociedad, insolidaria y presentista que cree que el pasado no ha existido y que el futuro no tiene alicientes. Resultado: insolidaridad, algo muy conveniente para el mantenimiento del sistema económico-social. Debo mencionar enseguida que hay una parte de esa juventud que se ha esforzado en formarse y que se va incorporando a la sociedad con valores distintos. Estos sí que han sido y son conscientes de lo que ha ocurrido y su alcance histórico.

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