Calma tensa

Vagaba muy despacio por los pasillos atestados de lomos de cuero, a los que acariciaba al pasarLa sensación que te deja un paseo por las calles hoy no es comparable a la que te dejaba durante la crisis

Hace un tiempo que me siento entre esa calma tensa que, dicen, precede a la tormenta. Y digo "dicen" porque mi fecha de nacimiento me ha permitido vivir, íntegramente, en uno de los mejores periodos de la historia de este país y de Occidente. Soy hija de la Democracia y de la España de la UE y me hice adulta en un país que crecía a gran velocidad y en el que, de manera general, se vivía con tranquilidad y grandes esperanzas de futuro; en el que las expectativas económicas, sociales y de bienestar eran cada vez mejores, el empleo no parecía ser el gran problema de este país, y mucho menos los políticos y la política, y el ritmo de vida y los sueldos permitían, en la gran mayoría de los casos, una buena vida y una cómoda crianza de los hijos. Almería estaba llena de vida, Andalucía estaba llena de vida, España estaba llena de vida.

Y todo lo anterior se vuelve aún más valioso si me paro a pensar que todo aquello lo estaba viviendo al mismo tiempo que personas que podian llevar en su mochila dos guerras mundiales, el holocausto nazi, nuestra guerra civil y el hambre que vino tras ella y una dictadura. De la oscuridad a la luz en apenas medio siglo. Increíble.

Hay un ensayo político muy interesante titulado "Sobre la tiranía", del historiador y profesor de la Universidad de Yale, Timothy Snyder, que viene precisamente a eso, a hacernos conscientes de la facilidad que tiene el ser humano de pasar de la luz a la oscuridad. Solo necesitamos esperar a que haya unas cuantas generaciones que no hayan visto la oscuridad, porque el ser humano, por mucho que se empeñe, no es capaz de aprender a través de las vivencias ajenas.

Y es que lo que hoy se puede ver en la calle es muy distinto a lo que vimos en la crisis económica global que trajo 2008. Y el ambiente que se respira también tiene otro olor porque esta vez suma la preocupación por nuestra propia supervivencia, limitaciones de derechos y duelo. Aquella crisis nos golpeó fuertemente, tan fuerte que aún estábamos en proceso de recuperación cuando este mal sueño llegó a nuestras vidas, pero, si miramos con detenimiento a nuestro alrededor, nadie nos llamaría loco si decimos que esta crisis puede dejar en simple anécdota a la de 2008. Un comercio tras otro cerrado, un establecimiento hostelero tras otro cerrado, un hotel tras otro cerrado, una sucursal de banco tras otra cerrada. Y miles y miles de empleos perdidos, miles y miles de empresas disueltas y miles y miles de proyectos personales olvidados. Y detrás de todo esto, millones de vidas en apuros.

La sensación que te deja un paseo por nuestras calles hoy no es comparable a la sensación que te dejaba un paseo por ellas en lo peores momentos de la anterior crisis. Aquellos paseos te dejaban preocupado, hoy te encogen el corazón. Ojalá la Covid-19 haya sido la bomba, no la mecha.

Y es que, como dijo el poeta Jean Cocteau, "el infierno existe, es la historia".

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