Cámaras en la escuela

Las generalizaciones suelen resultar improcedentes, como matar moscas a cañonazos, sin discernir bien las alarmas

Ala Fiscalía General del Estado no le son propias las generalizaciones improcedentes. Por eso, la posibilidad de "normalizar la adopción de medidas de grabación en vídeo de espacios cerrados (despachos, aulas…)", ante el incremento de los abusos sexuales a menores, cometidos por personas cercanas a las víctimas, las "dificultades para la actividad probatoria", o las infundadas o sospechosas imputaciones, como se indica en la Memoria de la Fiscalía correspondiente al año 2018, son cuestiones que deben ser consideradas incluso para argumentar las rezones de su inoportunidad o inconveniencia. Si bien, parece haberse desmentido que la general utilización de cámaras sea una propuesta o recomendación de la Fiscalía, más allá de un ejemplo.

Matizaciones al margen, tal hipotética medida, que ha provocado reacciones contrarias en buena parte de representantes de los distintos sectores de la comunidad educativa, lleva a plantear, entre otros, cuatro aspectos destacados. Uno es la generalización de también hipotéticas, antes que presuntas, conductas delictivas, y el entredicho del desempeño profesional docente que tal extensión conlleva. Matar moscas a cañonazos es una forma de matar, téngase figurada, mucho más que moscas -incluso estas pueden subsistir-. Otra es la viabilidad de las medidas, aunque esta sea una cuestión relativamente menor, dado que la normalización de las grabaciones requiere un ingente operativo, un equipamiento mayúsculo, cuya provisión, mantenimiento y gestión resultan claramente inviables. Luego la prudencia, siempre necesaria, ha de unirse al realismo, igualmente indispensable, si es que se pretende la eficacia -más bien la eficiencia-. Razón mayor es la de la prevención porque la convivencia lleva del coexistir al convivir con una armoniosa y por ello pacífica, o al revés, relación. En la escuela, la convivencia, antes que aplicarse, se aprende, o se aprende aplicándola, como suele decirse de los aprendizajes significativos, aunque la presencia de las cámaras ponga en duda a quienes profesionalmente han de procurarlos. Y queda la intimidación, vídeo mediante, como recurso disuasorio, supuesta una inhibición de las conductas delictivas por la vigilante presencia de un objetivo. Además, en mayor medida que el incremento de los delitos sexuales, quizás se advierta el más alto número de denuncias de los mismos. Por lo que importa administrar bien el estado de alarma, además de elegir dónde y cómo poner las cámaras.

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