República de las Letras

Cambalache

Todo es igual, nada es mejor, / lo mismo un burro que un gran profesor. / No hay aplazaos ni escalafón...

Cambalache es un tango escrito por el argentino Enrique Santos Discépolo en 1934, en lenguaje semi lunfardo o lunfa, el lenguaje porteño de Buenos Aires, el de la noche cabaretera, el de los perdularios, los taberneros, los chulos de solapas subidas y las putas pintarrajeadas, el del hampa de bandoneón, el de la cárcel, y es una denuncia del mundo capitalista y la sociedad vigente en su época perfectamente trasladable a la actualidad:

Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé, / en el quinientos seis y en el dos mil también; / que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos… / …vivimos revolcaos en un merengue / y en un mismo lodo todos manoseaos.

Cambalache fue interpretado sobre todo por Julio Sosa. Luego lo cantaron Libertad Lamarque, Nacha Guevara y hasta Joan Manuel Serrat, Julio Iglesias, Aute, Ismael Serrano, Raphael…

Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, / ignorante, sabio, chorro, pretencioso, estafador. / ¡Todo es igual, nada es mejor, / lo mismo un burro que un gran profesor! / No hay aplazaos ni escalafón, / los inmorales nos han igualao. / Si uno vive en la impostura y otro afana en su ambición, / da lo mismo que si es cura, colchonero, / rey de bastos, caradura o polizón.

¡Y cómo nos suena Cambalache después de todo lo vivido! Tal parece que el tango hubiese sido compuesto ayer mismo, al brillo enfermizo de una pantalla digital, tumbados con desmayo en un sofá tapizado de ante -pero protegido con la correspondiente funda de crepé- y delante de un cubo de cartón desbordado de palomitas o una pizza cuatro estaciones pasada a grandes mordidas con tinto de verano.

¡Pero que falta de respeto, qué atropello a la razón! / ¡Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón!... / …Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches / se ha mezclao la vida, / y herida por un sable sin remache / ves llorar la Biblia contra un calefón.

Y así seguimos, errantes por la Historia, manejados, dirigidos, engañados, manipulados y maltratados:

Siglo veinte, cambalache, problemático y febril, / el que no llora no mama y el que no afana es un gil. / ¡Dale nomás, dale que va, / que allá en el horno nos vamos a encontrar! / ¡No pienses más, sentate a un lao, / que a nadie importa si naciste honrao! / Es lo mismo el que labura noche y día como un buey / que el que vive de los otros, que el que mata, / que el que cura o está fuera de la ley.

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