A Con-Ciencia

Campeón, y adiós a los 31

Es imprescindible que le demos medida humana a los gestos y que se logre desde la opción de lo sencillo

Suele tardarse toda una vida en "aprender a vivir". No es extraño ver cómo después de experiencias fuertes, ya sea por el dolor generado o el placer experimentado, hay una respuesta de la persona que signifique un cambio radical en su forma de vivir: generalmente, se trata de giros vertiginosos que dan lugar a una nueva vida donde se necesita mucho menos para vivir dignamente. Son muchos los ejemplos de agentes de las principales bolsas del mundo los que, después de estar tocando el cielo con los dedos o golpeándose contra el suelo de bruces, deciden levantar el pie del acelerador y vivir a otro ritmo. Vamos, un giro radical; de los de 180º. Y es que solemos emplear nuestros días en la Tierra para ver cómo somos capaces de adecuarnos para una placentera despedida. Pero, me da la sensación, hay menos casos de los que, estando en una posición de privilegio, optan por "un paso atrás" y se dedican a las cosas más naturales de la vida -la familia, por ejemplo-, que los que alcanzada una meta profesional, sólo piensan en la siguiente. Con la mirada siempre puesta en el peldaño de arriba. Nico Rosberg ha ganado su primer Campeonato del Mundo de Fórmula 1; y lo primero que ha hecho ha sido dejar su carrera profesional, a los treinta y uno; en plena madurez. (Alguno llegó a campeón metido ya en los 47…) Y lo hace para dedicarse a su familia, reconociendo que el gran esfuerzo dedicado a ese logro le ha robado un tiempo de su vida privada que no quiere volver a invertir en nuevas ediciones del campeonato. Creo que se trata de algo que, si bien no único, sí que es muy raro que ocurra en el mundo que nos ve crecer. Estamos en un mundo de récords, en el mundo de lo extraordinariamente llamativo. Pues mis queridos amigos, me parece que hechos como éste lo que nos dicen es que estamos en un mundo idiotizado, desenfocado, incapaz de ver la verdad que hay en cada una de las cosas. En este caso, estamos ante un ejemplo que nos debe ayudar a situar las cosas en su medida: nuestro mundo urge ser humanizado. Es imprescindible que se aporten ejemplos realizables: bajar de escalón en este teatro. Y es imprescindible que le demos medida humana a los gestos. Y muy importante: que esa medida humana se consiga desde la opción por lo más sencillo, lo que huya del estruendo. Como mi líder, que pudiendo nacer en un palacio, nació en un establo, entre un buey y una mula. Eso sí, de okupa.

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