Chernobyl

Los supuestos especialistas en energía nuclear que operaban en la central eran chavales en prácticas

Los aficionados al género antinuclear ya tan pasado de moda (ahora hay tantas causas perdidas para agarrar el palo de la pancarta que los comprometidos ya dan no abasto) habrán disfrutado como indios viendo la apocalíptica serie esa, Chernobyl y se habrán refocilado viendo como se pueden comprobar de primera mano sus postulados gracias a las imágenes de una serie televisiva. Coinciden con nuestras ideas, luego es verdad. La serie se explaya en mostrar imágenes cruentas, terrores, quemaduras horribles, explosiones fantasmales, incendios infernales y la visión dantesca que todo antinuclear desea ver para que se demuestren sus teorías, y se impongan ya de paso. Un dato, las llagas, las quemaduras y las heridas son producto del departamento de efectos especiales. Se produjeron de verdad, bien, seguramente serían más horribles aún, bien, pero se trata de una serie televisiva. Esto da igual ya que el fin siempre sepulta todos los detalles. Demuestra con imágenes televisivas realizadas en base a una interpretación de realizadores que ni estuvieron allí, ni son de allí, que la energía nuclear es mala, peligrosa y horripilante, quod erat demonstratum. Y punto pelota. Igual esos antinuclear son también anticapitalistas y como también queríamos demostrar, corramos un tupido velo sobre un modelo económico que generó (esto también se puede ver en la serie, nenes) la cutrería más absoluta en la gestión de una central nuclear. Si damos por cierto una cosa, demos por cierto todo. Los dosímetros (aparatos que miden la radiación ambiental) que utilizaban en la central nuclear eran prácticamente de juguete. Lo buenos los tenían guarda-dos bajo llave. Los supuestos especialistas en energía nuclear que operaban en la central eran chavales en prácticas. El, ahora lo digo yo, demonizable sistema soviético era un sistema (lo dice la serie luego es cierto ¿no era así?) basado en las mentiras, la ocultación de datos básicos para la seguridad, con tal de abaratar los costes de todo (esto me suena de algo) y el escalafón pi-ramidal de mandos era peor que la misma energía nuclear. Chapuza tras chapuza, prueba temeraria tras prueba temeraria, lo raro es que no hubiera pasado antes. Y eso que los rusos (perdón, soviéticos, perdón, rusos) eran científicos y técnicos incomparables. Eso sí, sepultados bajo la incompeten-cia de un sistema donde la realidad siempre es antipática. De qué me suena.

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