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La resistencia

Luz Belinda Rodríguez

Ciencia, Universidad y cuellos de botella

Necesitamos aprender a transferir el éxito científico a éxito empresarial, creación de empleo, riqueza y bienestar

La reflexión de esta semana viene a cuento de un par de noticias de la que todos deberíamos sentirnos muy orgullosos. Darío Gil, murciano de 44 años, ha puesto a IBM al frente de la carrera cuántica comercializando el primer ordenador cuántico comercial. El joven almeriense, Ramón González, cuyo proyecto está estudiando la NASA para regresar a la Luna. Ejemplos de científicos españoles que están a la vanguardia en sus campos y demuestran que en España sabemos hacer ciencia de primera. De hecho, somos el quinto país de Europa en producción científica, pero caemos al puesto decimoctavo en transferencia e innovación. ¿Qué quiere decir esto? Que sabemos convertir la inversión en ciencia, pero no logramos la transferencia al mercado para crear empleo y riqueza. Desarrollamos grandes proyectos de investigación, pero no logramos transformarlos en valor.

Gran parte del problema está en la poca o nula implicación del sector privado. La financiación pública, lo crean o no, está cerca de los niveles europeos, pero la inversión privada resulta ridícula. Por ejemplo, apenas llegamos al 0,6 de apoyo privado a la investigación, mientras que en Reino Unido están cerca del 5%. Esta situación no es sólo responsabilidad de las empresas privadas, también el gobierno tiene mucha culpa por la falta de una legislación de mecenazgo que incentive la inversión en ciencia y proyectos sociales por parte de las empresas. De hecho, muchas de las becas "filantrópicas" de empresas no están reconocidas por los organismos públicos, al contrario de lo que ocurre en Alemania o Francia, por poner un ejemplo. Otro de los grandes problemas que afrontamos en España en esta cuestión es una universidad envejecida y endogámica, muy alejada del mercado y de las necesidades de las pymes, de las que tendría que ser el departamento de I+D+I. Nos guste o no, escueza a quien escueza, la endogamia de las universidades españolas y su mentalidad rancia y alcanforada es uno de los problemas sistémicos de la ciencia en España. Necesitamos aprender a transferir el éxito científico a éxito empresarial, creación de empleo, riqueza y bienestar. Hay que apostar por el pensamiento disruptivo y lograr entre todos un gran consenso que permita un Pacto de Estado por la Ciencia y la Innovación, que comprenda que la investigación es una carrera de fondo e incluso de relevos.

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