Concordancias

Los dogmas políticos deben adaptarse a los hechos . La clase política debe establecer una concordancia con la realidad

Definitivamente no hay concordancia entre las ideas y los hechos cuando hablamos de política, y no lo digo por el abuso de poder o por la corrupción sino por algunas cuestiones de lógica. En primer lugar hay una confusión entre los dogmas y los hechos. Veamos: los dogmas buscan siempre una manera de encajar con los hechos, llegado el caso hasta se seleccionan acontecimientos para que coincidan con los credos de la manera que sea. Y en segundo lugar, por culpa de esto los problemas asociados a los hechos nunca se resuelven. Se gastan las energías y el tiempo en cuestionar tanto las causas, que los originaron, como a los políticos contrarios, sin esbozar unas líneas de cómo sanearlos. Estamos así ante un modelo de política idealista y no realista. Pongamos ejemplos: Venezuela es un país donde existe una dictadura que algunos no reconocen pero donde se pasa hambre. En esa situación, no todo el mundo admite lo necesario de un cambio y prefiere mantener la precariedad social por defender que el demonio yanqui y el europeo tienen la culpa o que las ideas tienen razón. En ningún momento se acepta lo más conveniente y se aspira a lo más justo para las ideas. De igual manera, en nuestro país, en lugar de solucionar los gravísimos problemas del empleo y de la vivienda, la clase política prefiere gastar recursos en otros temas, aparentemente más importantes, dejando a estos en el rincón de los problemas secundarios. Los dogmas (donde se insertan las siglas) prevalecen sobre los hechos, siendo estos ninguneados hasta el punto de la confusión (sobre todo en los medios). Y esto es un mal escenario para esbozar proyectos de futuro. El discurso político idealista se estanca en la mediocridad y en la superficie y no atiende a los grandes problemas del pueblo, sino que lo engaña. Lo dijo Heráclito: todo cambia y nada permanece. Pretender que los hechos no cambien para mantener a los dogmas es ir en contra del devenir. Y pienso que, puesto que los hechos cambian, por naturaleza y de forma inevitable, son los dogmas los que deben adaptarse a ellos. En esa adaptación deben darles respuestas y establecer una concordancia. En algún momento hay que exigirle a la política una conexión mayor con la realidad (la concordancia). La necesita de manera urgente. Tanto idealismo se desvía hacia la contradicción o el romanticismo, hacia los lugares comunes y los estereotipos.

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