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Coronavirus político

Lo único que nos queda es santiguarnos y rezar ante el confuso resplandor de la tormenta política

Tras una semana cargada de tribulaciones de diverso género político, parece que ha triunfado una sesgada autoridad electa y de igual forma ha triunfado la obscenidad, el envilecimiento de la verdad. ¿Es normal dar un golpe al Estado y en tan solo 5 meses después de que el Tribunal Supremo condenase a uno de los autores a más de 13 años de cárcel por sedición y malversación de fondos esté paseando en libertad y adoctrinando en la universidad?. El mayor infortunio es el de la indignidad, la indignidad de quienes se avienen sin más con la falsedad, a costa de la verdad. ¿Cómo hemos llegado hasta esta situación sin apenas resistencia? Las respuestas no son tan complejas de entender. Unos Gobiernos de la Nación que nos ha abandonado a los españoles con el respaldo propagandístico de redes y medios dóciles y afines a seguir manteniendo unos espurios privilegios económicos. Encima, vivimos en una sociedad civil que arrastrados por directrices mediáticas, es difícil movilizarla desde una perspectiva ideológica y de creencias en la defensa de sus derechos, confiada siempre a que la Providencia u "otros" darán las batallas por las ideas que comparten pero que mantienen un rol aséptico ante la que no está cayendo de destrucción de la unidad nacional y de los valores éticos y morales propios de la sociabilidad y la socialización humanística, necesarios para un equilibrio y armonía en la convivencia. Ahora, que estamos los cristianos viviendo en un tiempo litúrgico especial de conversión, la Cuaresma, con el coronavirus político y la retirada del agua bendita y la supresión del gesto de la paz, los besapiés y besamanos, parece que lo único que nos queda es santiguarnos y rezar ante el confuso resplandor del eclipse y la tormenta política que nos puede descargar como la centella de un rayo, que nos deje privados de sentido, inánimes y, metafóricamente, casi muertos, por haber hecho las cosas mal desde el principio. Y es que, a las tormentas políticas hay que dejarlas quietas, sin molestarlas, sin espantarlas, que banal cosa es ahuyentarlas, porque entonces se vuelven en contra de toda la ciudadanía. Lo importante es no caer en la desesperanza de esta "performance" y seguir arrimando el hombro con pasión, aportando desde nuestros sentires a un proyecto de España que haga reflexionar, que estar juntos como nación, siempre será el mejor convencimiento vehicular hacia aquellos que pretenden la ignominiosa división. Paz y Bien.

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