De Reojo

José MARÍA Requena Company

Desemponzoñar la partitocracia

Tras asumir que algo de cierto hay en la censura, se me fataliza sobre su inverosímil subsanación

Justamente porque los partidos políticos son las arterias por las que fluye el vigor democrático, es muy grave que se degrade cada día más su democracia interna. A menudo porque sus líderes burocráticos priorizan sus propios intereses partidistas o personales, sobre el interés general. Una tentación humana que hoy parece cronificada en España con síntomas inquietantes. Y por aludir a tal patología corporativa en alguna columna, un insigne militante local, tras asumir que algo de cierto hay en la censura, se me fataliza sobre su inverosímil subsanación. Un fatalismo, empero, que no comparto y hasta creo podríamos desactivar a lo Fuenteovejuna si, desde la sociedad civil, en vez de callar, nos esforzamos por sensibilizar a la opinión pública, aportando críticas constructivas contra las prácticas corruptas que pervierten la democracia, subordinándola al interés y servicio de sus servidores: o sea a las del Partido. Al revés de lo que debe ser. No será fácil, claro, porque existen unas elites incrustadas en cada sede central o local que controlan hasta el último rincón de sus organigramas e imponen a las bases la corriente ideológica a defender según les convenga. Aunque para ello hayan de tiranizar la gestión interna, apartando de la foto de familia a quien se mueva (que puede ser el más tonto, pero también el más despierto) u obstruyendo, de facto, la captación de ciudadanos externos que, a poco serios que fueren, rehúsan entrar en ámbitos en los que prima la zancadilla, cuando no el navajeo. Lastrando, al cabo, la calidad democrática del partido. Un extravío que no es solo hispano, aunque en otros países se detectó antes y se procura corregir a través de normas que garanticen su democracia orgánica y que podrían inspirarnos. Solo falta, ay, querer. En Francia o Alemania hay leyes para que los Partidos procuren reclutar a candidatos expertos, sin vasallajes tributarios a los burócratas, a través del voto secreto de sus electores. Y en otros países, utilizan sistemas bien cotejados que podrían ilustrar a quien, con un mínimo de sentido de Estado, se atreva a creer que sí hay alternativas para desemponzoñar la partitocracia actual y que se preseleccionen a candidatos idóneos, con créditos acordes a las gestiones a las que aspiran y con la competitividad focalizada al bien común y no al suyo. Que haberlos haylos, aunque hoy vivan espantados por los profesionales partitocráticos.

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