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Carta del Director/Luz de cobre

Desierto industrial

El esfuerzo industrial de la provincia debe encardinarse hacia la industria auxiliar agroalimentaria

En mes y medio despedimos 2019. Un tiempo que permite hacer un análisis sosegado de lo acontecido. La provincia echa la persiana a un año que, seguramente, nos hizo algo más ricos si priorizamos el análisis de los datos macroeconómicos. Seguimos creciendo a un ritmo razonable, aunque si descendemos a la economía familiar, al día a día de quienes habitan esta tierra, nos encontramos con dos elementos de clara preocupación. De un lado el cierre de la cementera de Gádor y de otro la más que probable bajada de persianas de la central térmica de Carboneras. ¿Qué consecuencias tendrá para esta tierra? Serias y graves. De un lado se avanza, un paso más, en el desierto industrial que siempre hemos sido. La provincia no ha contado nunca con un tejido fuerte, ni mucho menos, aunque las pocas empresas instaladas engrosaban plantillas razonables y daban vida a comarcas tan relevantes como el Andarax o el Levante. Con el cierre consumado de Cemex y el anunciado de la térmica de Endesa, esta tierra pierde dos de sus buques insignias, deja en la calle a un buen número de trabajadores y, de paso, arrastra a otros tantos colaboradores necesarios, pequeñas empresas auxiliares, que también ya padecen los efectos de la muerte de sus matrices.

No debemos engañarnos más de lo necesario. Siendo conscientes de que el futuro de la provincia no pasa por un sector industrial potente, los esfuerzos deben ir encaminados a prolongar la vida útil de la agricultura y todo cuanto supone la industria auxiliar que se genera en torno a ella. Mimar, no cometer errores o desvirtuar lo que la agricultura supone para la provincia sólo acarreará daños colaterales, de los cuales espero que no debamos tener que lamentarnos.

Y es que ambas malas nuevas para esta tierra han sido vividas por quienes tienen la encomienda de gobernarnos, por los afectados y los propios almerienses, como algo inevitable. Pronto se ha dado por descontado que más de trescientas personas pueden pasar a engrosar las listas del desempleo y, lo que es más frustrante, dejar en los pueblos donde estaban instaladas una sensación de desánimo y depresión difícil de superar. El vacío industrial que ha dejado Cemex y el que puede dejar la térmica de Endesa son irrellenables. Por más que se empeñen aquellos que poco o casi nada pueden hacer, las declaraciones propias de la frustración y los anuncios de la llegada de nuevas empresas que las sustituyan, sabemos que sólo quedan en eso. En un intento de generar expectativas de corto recorrido y peor final.

Y es que el cortoplacismo en este tipo de situaciones sólo conduce a generar humo sin valor. Echamos de menos un plan de industrialización serio, con bonificaciones fiscales, con ayudas de la administración y con empresas pegadas al terruño, capaces de generar el valor añadido que las primeras han perdido.

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