Carta del Director/Luz de cobre

Diario, 13 años con Almería

En información huyan de los Ramonets de manta y mercadillo que buscan venderles duros a pesetas

Nunca antes en los últimos cien años la sociedad, tal y como la conocemos, estuvo en peligro. La pandemia de coronavirus, que ha dejado en la provincia ya casi 200 muertos y miles de contagiados, ha puesto patas arriba cualquier previsión razonable que se hiciera en enero. El confinamiento y posterior estado de alarma nos deja tantas secuelas, tantas carencias, tantas vidas rotas, que ni en el peor de nuestros sueños seríamos capaces de imaginar lo que se nos avecinaba. Pocos son los que han sido capaces de abstraerse del cataclismo, que en forma de tsunami nos ha arrastrado a todos. Aún así, me resisto a creer que tanta dificultad, tanto dolor y tanta incertidumbre no sea capaz de traernos cosas nuevas. Lo recoge muy bien el escritor Javier Sierra en su último libro 'El mensaje de Pandora". De las situaciones más complejas surgen tantas oportunidades nuevas que, con seguridad, no vamos a ser capaces de abarcarlas en el espacio-tiempo de la recuperación. El vaso siempre tiende a estar lleno, porque el ser humano se reinventa en la misma medida que lo acogotan las fuerzas del dolor que tratan de imponerse en paisajes como el que vivimos: arbitrario, sombrío y en negro. La amplia gama de colores que tenemos por delante están ahí para alcanzarlos con la mano, por encima de las dificultades y haciendo frente a la incertidumbre, al acoso de la COVID-19 y a una economía que se tiñe de luto en la misma medida que los afectados por el virus buscan el oxígeno reparador y el medicamento que nos permita abrir los pulmones a la vida. La pandemia nos ha embestido en un mundo dominado por la mentira, bajo el dominio de la posverdad. Un término acuñado en 2010 por el bloguero David Roberts, y que define con claridad que vivimos en una época caracterizada por el fomento de las emociones, muy fácilmente manipulables por las redes sociales. Es por ello que, sin desdeñar el duelo por los muertos o el sufrimiento de los enfermos, es preciso recordar que la verdad es una de las víctimas de la enfermedad que nos abruma". Algunos atribuyen la frase a Esquilo y otros a un senador estadounidense. Pero lo cierto es que "la primera víctima de la guerra es la verdad". Alejemos cuanto podamos a los nigromantes, visionarios y toda esta ralea, que sólo buscan dinero fácil llegado del dolor y la muerte. Es por ello que cuando cumplimos 13 años, me permita recordarles que sigan apoyando el periodismo serio, la información veraz y responsable y el criterio de los profesionales. Huyan de aquellos Ramonets de manta y mercadillo que les vendan duros a cuatro pesetas. Sencillamente no existen. Beban de periódicos que, como Diario de Almería, busca la realidad de las cosas y todos los puntos de vista para que ustedes, que como yo, estemos siempre alerta y con miedo por lo que tenemos encima, se acuesten conociendo la verdad. Ni más ni menos.

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