Diógenes para almerienses

"Cuanto más conozco a la gente, más quiero a mi perro". Diógenes de Sinope

La verdad es que llevaba un tiempo intentando buscar un lugar donde vivir. Primero probó suerte en la Rambla Belén pero fue la policía la que le dijo que no podía acampar con su zurrón, como le gustaba llamar a su tienda. Fue un vecino quién dio el aviso cuando observó su desnudez a la hora de dormir y su extraña relación con los perros callejeros. La primera vez que lo vio se sorprendió tanto que le dijo: «¡Serás cínico¡». Desde entonces se fue a Pescadería. Y allí estuvo unas semanas a salvo. No obstante un día se sintió inspirado y comenzó a exponer sus ideas públicamente. Ese día lo recogió la Guardia Civil y lo arrestó unos días. Muy cerca del puerto se puso frente a los vehículos a hacer sus necesidades biológicas y a riesgo de ser atropellado, como protesta contra los actos políticos que agredían el futuro de la Plaza Vieja. Para él era un orgullo ser un Sócrates enloquecido. Pretendía así dar ejemplo, y ser ejemplar, pero no fue eso lo que pensó uno de los conductores al llamar a la Benemérita. Dicho así se tuvo que marchar al Cañarete con su zurrón y un perro blanco y pequeño. En el trayecto pensó en la complejidad de las emociones actuales y la falsedad de la vida pública. La sencillez y la felicidad eran más asequibles de lo que la gente sospechaba. Situado al fin en un resquicio y a salvo de todo, dada la longevidad o alargamiento de las obras del Cañarete, tuvo unos días de recogimiento interior. Pero fue un vehículo público quién destruyó ese momento de paz en el que vivía. Al parecer alguien del ayuntamiento estaba ojeando el estado de las reformas y haciendo numerosas llamadas desde su dispositivo de telefonía móvil. Diógenes intentó meterse dentro de la tienda y hacer caso omiso a esa nueva circunstancia. ¿Cómo podían atreverse a molestarlo en un momento tan noble y sublime como ese? Pero por desgracia esa persona lo detectó y encontró extraño un campista en ese lugar prohibido no solo para la circulación sino para esa actividad. Se acercó tímidamente a ver el interior de la tienda. Como es de suponer tenía miedo. Encontró a un hombre semidesnudo de mediana edad abrazado a un perro de reducido tamaño. Entonces le dijo: «Oiga, dígame algo». Y Diógenes respondió: «¿Quién es usted? » «El alcalde de Almería»-apuntó. «Pues quítate de delante que me estas tapando el sol»-añadió Diógenes de malas maneras y desde la tienda.

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