Libertad Quijotesca

Disparates

Somos un país pendular porque hemos olvidado la importancia vital de conocernos y reconocernos a nosotros mismos

Uno de los peores defectos que tenemos los españoles en la sociedad que formamos y en la Nación que somos, es la incapacidad de ser y estar en el mundo con autocrítica reflexiva y capacidad de aprender constructivamente de lo vivido. Haber y tener equilibrio. Las consecuencias son trágicas para la política española y el modo en el que nos presentamos ante el mundo. Siempre etiquetando y señalando enemigos a los que hay que fulminar hasta borrar su recuerdo. Nunca competir por el bien general que tanto refieren y maltratan, con adversarios políticos. Para eso hay que partir de un nexo común: respetar nuestra Nación. No tenemos término medio, somos un país pendular que viene dando bandazos especialmente desde la invasión napoleónica (1808-1814) No obstante, en medio de aquellos desastres, nuestros antepasados de ambos hemisferios convocaron las Cortes en Cádiz y alumbraron en 1812 la primera Constitución liberal española, tercera en el mundo. El aforismo "Conócete a ti mismo" grabado en el pronaos, atrio o pórtico de los templos griegos y romanos, del templo de Apolo en Delfos, no solo es que lo hayamos olvidado, por lo que vivimos, está desterrado por imposición sectaria en España. No somos capaces aún de librarnos del vapuleo del péndulo, porque hace más de dos siglos que los españoles han vivido y vivimos dando la espalda y despreciando nuestra historia, cultura y el trabajo intelectual. En este mundo donde la mentira pretende imponerse con pomposos y necios conceptos, acuñados por los "ingenieros de almas del hombre nuevo y la nueva normalidad agenda 2030 y siguientes" como "posverdad y poshumanismo" y dominarlo todo, desde los detalles más sencillos de nuestra vida cotidiana, a los acuerdos, luchas y competencias de la política mundial. El socialcomunismo es la antítesis de la democracia liberal porque impone el sometimiento de la ley que nos hace ciudadanos a un poder político que nos convierte en esclavos. Curiosamente, la cultura occidental es la única que sistemáticamente se pone en cuestión. Ni que decir tiene que la cultura española esta encadenada al castigo de la picota, con el regocijo y festejo autodestructivo de todos los secuaces del odio a España, jauría que pretende imponernos su miseria moral y que les paguemos sus disparates. Acordémonos cuando paguemos el recibo eléctrico, la cuota de autónomos, gasoil o la cesta de la compra.

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