A la luz del día

Doce de octubre

La nación parece un concepto discutible, pero el revisionismo no debería desbaratar la nación y la fiesta

La fecha elegida, el 12 de octubre, simboliza la efemérides histórica en la que España, a punto de concluir un proceso de construcción del Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la integración de los Reinos de España en una misma Monarquía, inicia un período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos". No es necesario, en este caso, acudir al revelador testimonio de las hemerotecas, sino al Boletín Oficial del Estado, del 8 de octubre de 1987, para dar con la vigente Ley 18/1987, de 7 de octubre, que establece el día 12 de octubre como el de la Fiesta Nacional de España, firmada por el entonces presidente del Gobierno, Felipe González Márquez. El eufemístico "más allá de los límites europeos" se refiere al desembarco de Colón, en América, el 12 de octubre de 1942. Acontecimiento de tal magnitud que "ha de procurarse que el hecho histórico que se celebre represente uno de los momentos más relevantes para la convivencia política, el acervo cultural y la afirmación misma de la identidad estatal y la singularidad nacional de ese pueblo", aunque sin menoscabar la "indiscutible complejidad que implica el pasado de una nación tan diversa como la española".

Han pasado casi treinta y cinco años desde la promulgación de esa ley y la declarada Fiesta Nacional de España provoca erisipelas a los practicantes de la flagelación histórica. Como penitencia aplicada sobre las espaldas de la patria -¿será sospechoso nombrarla?-, que son grandes y lo soportan todo. Cuestión parecida es la del perdón retroactivo, por entenderse formulado con efectos -aunque no pueda aplicarse y tener obra, además de resultar improcedente- sobre lo muy lejano en el tiempo. Cuando los modos y maneras de la sociedad y de los hombres respondían a criterios y razones que no cabe juzgar como si fueran de anteayer. Paradójicamente, tan exquisito y político perdón se aplica a lo que aconteció bastantes siglos atrás, pero se regatea, o se olvida, cuando, ahora así, es necesario para lo ocurrido antier. Sin olvidar a quienes no ven la viga en el ojo propio y dan las lecciones del maestro ciruela, amparados por ese pensamiento "woke" que, del racismo y las injusticias sociales, en Norteamérica, ha pasado a amparar toda una suerte de hipocresías correctísimas. En fin, si nación es un concepto discutido por discutible, la fiesta de su día participa de la controversia. Pero sobra mucho revisionismo histórico, de opereta o de consigna, para desbaratar la nación y la fiesta.

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