EMPEZAMOS BIEN...

Qué tenga en mente el nuevo presidente solo se puede suponer. Pero sí podemos clarificar consecuencias de las decisiones que toma

Me viene a la mente aquello que estudiábamos en historia sobre la desamortización de Mendizábal. Dado que la corona no tenía mucho dinero (más bien muy poco), a este genio de la economía no se le ocurrió otra cosa que vender propiedades, aunque lo que vendiera no fuera suyo. Consiguió (algo de) dinero y también proporcionar buenas propiedades a buen precio a las clases pudientes. Émulo suyo, el presidente Aznar también encontró, en este caso en patrimonio público, la manera de encontrar fondos con los que pensó cuadrar sus números y, de paso, favorecer a unas cuantas fortunas. Y ahora nos encontramos en una situación en la que un discípulo más o menos adelantado aplica una receta similar. Qué tenga en mente el nuevo presidente de la Junta de Andalucía solo se puede suponer, por aquello de que las intenciones están fuera de nuestro conocimiento; pero sí podemos clarificar qué consecuencias tienen las decisiones que va tomando. Esa decisión "estrella" de suprimir en la práctica cualquier tipo de carga o gravamen a las herencias tiene una consecuencia positiva y una negativa. Como casi todo lo que se hace. Positiva para todos aquellos (no muchos) que individualmente puedan llegar a heredar más de un millón de euros. Ya defendí en una ocasión que los argumentos que se utilizaban para eliminar el impuesto me parecían una gran falacia. Pero no es una posición compartida, por lo que veo. Y también tiene una consecuencia negativa para la recaudación en la Hacienda andaluza. A falta de datos concretos, se dice que más de 300 millones de euros. Y es claro que hay que enjugar el déficit de alguna manera porque hay que financiar los servicios públicos. Y aquí recurre nuestro presidente a la "herencia recibida" de sus maestros: vender el patrimonio público. Se habla de vender solares; entre otros, solares del Toyo. Pero no es lo único. También se ha oído algo en torno a algunas empresas públicas. Para consuelo dicen que no son rentables. ¿Acaso quiere liberar a los andaluces de unos cuantos pesos muertos que lastran la economía pública? Seamos serios: en ese caso, nadie es tan generoso como para comprar a precio de mercado propiedades que de nada sirven. Si se venden siempre será a precio de risa, y difícilmente será suficiente para nivelar provisionalmente la balanza. Y luego ¿qué pasará cuando se haya borrado del mapa todo ese patrimonio de los andaluces? ¿A qué se podrá recurrir entonces?

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