La tapia del manicomio

Ejercicios espirituales de cinismo

La clerigalla anda remontada por el eco que está teniendo su actitud ante la violación de niños por miembros de la Iglesia. Al parecer, lo que más les molesta es que se fijen en ellos cuando, según dice el portavoz de la Conferencia Episcopal, "solo son pequeños casos" que, según los informes que hay, "las denuncias por abusos perpetrados por personas vinculadas a la Iglesia representan el 0,8 % (…) incluso sumando todos los casos que han salido en los medios de comunicación, que se remontan a un período de ochenta años, no pasan de mil". En primer lugar, ellos mismos hablan de "casos denunciados", pero todo el mundo sabe que la mayoría de víctimas se callan por vergüenza o por no revivir horribles momentos. En segundo lugar, otras Conferencias Episcopales europeas hablan del 3 al 4 %, en lugar del 0,8. En esos países han investigado a fondo, cosa que aquí no se va a hacer, según han dejado claro nuestros obispos. Y, por último, pero más importante, es que aunque fuera algún caso aislado (que ya se ve que ni de coña), deberían aplicarse lo que dijo Jesucristo: "al que escandalice a uno de estos pequeños, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar". Subráyese la palabra "uno".

Lo que más encocora -por no decir cabrea- es el cinismo que se gasta el portavoz en cuestión, cuando se pregunta por qué no se investiga al Comité Olímpico Internacional o a la FIFA que, en su opinión, tienen muchos más casos. No es verdad, claro que se investigan otros ámbitos, y por eso van saliendo tantos casos. Los que se niegan a investigar son ellos, según han manifestado claramente. Otra muestra de morro es el argumento que usan para rebajar la relevancia de los hechos; dicen que "se trata de casos de abusos sexuales contra los menores de edad y personas que tienen habitualmente un uso imperfecto de razón". Esta última frase es para ponerla con negritas, subrayada y mayúsculas, si nos dejara el libro de estilo. Estaría bonico que un adulto en pleno uso de sus facultades mentales y físicas se dejara sobar y violar contra su voluntad. Lo normal es que le diera un par de hostias que lo dejara mirando para Coria; cosa que, evidentemente no puede hacer un menor o un incapacitado mental, que es de lo que se aprovechan estos "escasísimos" violadores. ¿No estarían los obispos más guapos callados en vez de intentar relativizar lo insostenible? Como le dijo Juan Carlos a Chávez: ¿Por qué no te callas?

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