Desayuno con diamantes

José Fernando Pérez

Elegía por el padre ausente

"Respice post te! Hominem te esse memento!" Recuerda que eres un hombre y morirás

Silencio ante la desolación. Dudas, recuerdos, fantasmas que nos recorrían durante esos momentos en que nuestro progenitor se debatía ante la inso-lente cara de la muerte que se le acercaba, que lo acechaba, y que lo rodeaba. Duro, manteniendo enhiesta la licencia vital, vociferando contra la misma, an-sioso de la necesidad de no desconectar, de seguir luchando, de mantener en todo momento la conciencia que le permitiera poder elegir el cuándo, el porqué y el cómo. Una simbiosis común la del hombre y su hijo, la del maestro y sus alum-nos, la del explorador que inicia el camino y marca la senda para aquellos que posteriormente han de seguirle, de aprender, de comprender.Si algo demostró en todo momento era su entrega, su cercanía, su forma de entender la familia como un instrumento que ha de servir al hombre y no a su propio beneficio. Amable, cercano, locuaz, irónico o sarcástico, pero noble, audaz, insoborna-ble, incontrolable a veces, e indispensable siempre. Enseñó como un hombre se hace a sí mismo, toma su propio camino y es capaz de abrir la senda para que otros lo siguieran, hijos que fueron capaz de admirar su capacidad, sagacidad y su profesionalidad.

Mostró que todo era posible, que nada era inalcanzable olvidándose del egoísmo y siendo generoso siempre.

Sagacidad, capacidad de resolución, todo eso se unía y tomaba forma en él y su progenie. Esfuerzo, continuidad, compromiso, amistad, apoyo,era capaz de ofrecer sin pedirlo. Padre por derecho, alejado de convicciones por decisión propia, desarrolló una imagen de entender la vida, donde trabajo y esfuerzo significaba recom-pensa, satisfacción y emoción por lo que hacía, consiguiendo aquello que está vedado sólo a unos pocos elegidos, transmitir ese entusiasmo y contagiar esa necesidad vital que tenemos, de intentar imitar a lo inimitable.

Vino a por él, se batió hasta el final, como sólo alguien excepcional es capaz de hacer, y sólo se vio vencido cuando tuvo claro que, sin excepción, todo el mundo que lo conocía, que lo había tratado, que lo respetaba y admiraba, conducían su pensamiento hacia él, elevándolo a la categoría de mito, y su-friendo su dolor y angustia como si fuera el nuestro.

Egoísmo, negación, autarquía…virtudes de necios que sepulta en la tierra a sus padres.

El Covid, no perdona.

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