Utopías posibles

Elegir entre la vida y la educación

En el tema de la vuelta al cole, la perspectiva es desoladora. Quienes no apoyaban el estado de alarma porque decían que había que distribuir el poder, que estaban convirtiendo a España en una dictadura comunista, que había otras herramientas legales… hoy son incapaces de garantizar una mínima seguridad en las aulas, a la vez que reclaman la vuelta al centralismo. Recordemos que las competencias de educación son sola y exclusivamente de las comunidades autónomas. El gobierno central puede sugerir, proponer acuerdos y poco más. Las reuniones se convierten así en un simple circo, un espectáculo, un teatro. El ejemplo autonómico más indignante ha sido el de cierta representante política, diciendo que da igual un aula con 10, que con 20, que con 30 personas dentro. Por su parte, un gobierno central responsable debería haber dado el puñetazo en la mesa, y ante la inacción de las comunidades, tomar medidas extremas, novedosas y de urgencia, como requiere la situación. Ha habido tiempo de sobra para ello, pero no se ha querido hacer. Al parecer, es mucho más rentable a nivel de votos poder echar la culpa al otro, que pensar en la vida y la salud de las personas.

La educación es uno de los servicios esenciales del estado, la conciliación familiar es una necesidad imperiosa, y también están la necesidad de socialización de los chavales, los problemas psicosociales por el aislamiento, etc. Sin embargo, no sirve de nada tener muchos estudios, un buen trabajo, una buena economía familiar, incluso unos chavales muy felices… si no se tiene salud, si se pierde la vida.

Por eso necesitamos una vuelta segura, sin relativizar el mensaje que Sanidad viene defendiendo desde el principio. Tan solo se trata de cumplir las mismas medidas que se piden en un restaurante, una terraza, un teatro, en la playa… y para eso hacen falta tres ingredientes: creatividad, valentía política, y dinero. Lo demás, es defender lo indefendible.

Para empezar, las aulas que tenemos no garantizan la distancia de los grupos de 25 ó 30 (o 27, 33 ó 35). Se podría OBLIGAR a las distintas administraciones a que cedieran espacios para uso educativo (teatros, pabellones deportivos, espacios cedidos a asociaciones, centros culturales, museos, salones de actos…). En contextos rurales o pequeñas ciudades se podría contar con el tejido asociativo, instalaciones privadas cedidas por un tiempo u horario concreto, o incluso alquilarlas. Luego claro, el problema de tener espacio es que hay que llenarlo, y es irrenunciable que haya un docente por cada 15 niños y niñas, como máximo, para que se puedan cumplir las medidas de distancia e higiene. Puede parecer una inversión muy fuerte, pero no tiene porqué. Podría minimizarse ampliando el horario en Secundaria (pagando esas horas, obviamente), cosa que siempre saldrá más barata que contratar nuevo profesorado. Se puede plantear que haya un solo docente todo el tiempo, y para cubrir las especialidades que no pueda impartir, que estas se conecten por videoconferencia, y su profesor haga de intermediario y ayuda. Se podría pensar en enseñanza semipresencial a partir de 3º de ESO (en algunos sitios se ha propuesto). Esto supondría muchos cambios legislativos y un cierto desembolso económico, pero SE PUEDE HACER. También se deben asegurar los medios técnicos para el alumnado que no puede hacer teletrabajo. Podría haber clase en días alternos, y los días que no se va a clase, tomar otras medidas para la conciliación (servicios sociales, municipales…). Y seguro que hay muchas más ideas, más imaginativas y más válidas que las expuestas. Si se quiere, se hacen. Estamos a tiempo.

Así las cosas, si no se cumplen estas premisas la siguiente alternativa podría ser la vuelta voluntaria. Quien tenga medios y posibilidad de estar en casa, que voluntariamente pueda quedarse. Que lo solicite al centro, y se estudie cada situación. Alumnado más desfavorecido, sin medios técnicos o sin posibilidad de conciliación, que sea atendido presencialmente… siempre cumpliendo las condiciones mínimas anteriores.

Puede sonar tremendo, pero hay una cosa muy clara: si a causa de no tomar las medidas adecuadas hay una sola muerte de un niño o una niña, de algún familiar directo o un abuelo o abuela en cualquier lugar de España, nada de lo que estamos hablando, nada de lo que se está proponiendo, ningún esfuerzo, desvelo o propuesta habrá merecido la pena.

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