Se atribuye a Washington Irving la frase "un perro que ladra es a menudo más útil que un león durmiente". Quizás porque no ha dormido en mi calle este verano con el perro de algún vecino ladrando en su terraza siete horas. En este caso, el de la temporalidad laboral, el león durmiente serían las continuas propuestas de cambios normativos o la creación de nuevas modalidades de contratos indefinidos subvencionados. En ello se ha sido contumaz, comenzando en 1997, con total indiferencia sobre los resultados obtenidos - ¿para qué se va a evaluar los resultados de las políticas activas de empleo, verdad? Otra idea era proponer, todo el tiempo, el llamado contrato único y, en justa correspondencia, abarataba el despido. Esto, abaratar el despido, es la solución permanente del FMI. Cuando descubren que ya se ha abaratado y no mejoramos, vuelven a recetar otra dosis. Los contratos temporales se introdujeron a mediados de los 80, como forma de flexibilizar un mercado laboral heredado de Franco (¡bingo, pensarán, aquí también surge el dictador) que demostró en la crisis de aquellos años ser una máquina de generar desempleo. Se pensó como solución temporal -hasta que la cosa mejorara- y ya ven, que ironía, esa solución temporal es lo único que se ha transformado en indefinido. Como era previsible se produjo un proceso de aprendizaje por las empresas en el uso de los contratos temporales. Se llegó a crear como una doble estructura en ellas: la indefinida y la que rota. El perro que ladra parece ser una simple carta. La que el Ministerio de Trabajo ha enviado a varios miles de empresas. Recordando que los contratos temporales deben tener una causa: atender necesidades temporales y no las permanentes, se advertía de las posibles irregularidades en la contratación. Ahora surge la duda, claro, que irá resolviendo el tiempo. Consiste en saber, y en qué porcentaje se combina estas posibilidades, si el aumento de la contratación indefinida de estos meses obedece al efecto directo de la carta, al indirecto -de aquellos que no la recibieron, pero por si acaso- o, como también se apunta, por el deseo de retener trabajadores ahora que el descenso del paro hace más escaso encontrar aquellos que reúnen las habilidades que las empresas requieren. Pues bien, en Almería en agosto y septiembre la contratación indefinida superó el 10% del total, un porcentaje antes nunca alcanzado y, como ejemplo, en septiembre fueron un 21% más que en el mismo mes de 2017.

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