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España está de luto

Un Estado democrático y social de derecho no se puede permitir más pábulos sectaristas

Comienza la última semana de la Cuaresma, con cambio de hora y entrando de lleno en la Semana de Pasión, vísperas de la Semana Santa, desprendiéndose del contrito corazón, que la confinada España, sin las banderas a media asta, está de luto.

Miles de almas que tenían nombres, familias, historias, proyectos de vida, anhelos, muchos de ellos caídos en acto de servicio público a la ciudadanía, descansan en la vida eterna. Personas que en su misión espiritual levantaron este quijotesco país, fallecidos en la más estricta soledad y silencio, en su caso, solo acompañados del facultativo que les ha atendido, sin poder despedirse de sus familiares, sin un último adiós, un abrazo, un gesto de afecto y cariño.

Lejos de rectificar por la pésima gestión del coronavirus, lejos de mostrar humildad en la gobernanza, sin espíritu de equipo, les ha dado por anular el alma y echarse las culpas mutuamente, de unos a otros, con ocasión de que un factor de la expansión y no curación, ha sido debido a los recortes presupuestarios a nivel sanitario, en vez de aunar esfuerzo y entusiasmo en una misma dirección y actuar con unidad y lealtad. Al contrario, sin sonrojo ni vergüenza, los ataques y acusaciones han sido la tónica general, anteponiéndose la ideología marxista a la salud de los españoles.

Llevan semanas exigiendo a la ciudadanía por imperativo legal calma y anunciando, todos los días en el BOE, medidas sociales y económicas insuficientes, que influyen de forma muy dramática en el tejido social y empresarial con el solo objetivo de salir airosos de la quiebra del país y de demandas judiciales por homicidio y lesiones imprudentes, prevaricación e, incluso, Iesa Humanidad, y poder continuar en el poder.

Solo con valores humanísticos cristianos y no con hipocresía y estómagos agradecidos podremos superar y sacar adelante con fuerza, coraje y esperanza a España como comunidad, como se ha hecho en otros momentos históricos, que hicimos más grande a la Nación española.

Un Estado democrático y social de derecho no se puede permitir más pábulos sectaristas, como en otras ocasiones en nuestra Historia, que quienes dieron su vida por nuestro país han quedado en el olvido, y por tanto, no deberíamos olvidar a nuestros semejantes que han sido víctimas del Covid-19 y al dolor de las familias, y, que a su vez, esta crisis sea el motivo desestabilizador para terminar rompiendo la Patria en vez de salir fortalecida con mayor unidad y responsabilidad política.

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