Falta profesorado en Matemáticas

Estudiar matemáticas va más allá de una especie de locura vocacional; ahora es un seguro de empleabilidad

No hace mucho tiempo atrás, si preguntabas por la calle "¿para qué sirven las Matemáticas?", la respuesta obtenida era un "para dar clases de Mates". No se veía nada más allá. Desde no hace mucho, se ha dado la vuelta a esa impresión, y ya madres y padres no ven rara a esa criatura que un día les decía aquello de "me voy a matricular en Matemáticas". Es comprensible que la sola vocación docente sea insuficiente para despertar las ganas de "ser matemático". Sobre todo, cuando los propios jóvenes tienen tan cercana en el tiempo una experiencia en el aula en la que saben que el trabajo con adolescentes no es fácil.

Hace una docena de años estábamos tentándonos las vestiduras porque los estudios de Matemáticas en la UAL podían llegar a desaparecer por el escaso número de estudiantes con motivación suficiente para ser, un día, profesionales de ellas. Sin embargo, una conveniente gestión del problema y el auge que ha experimentado la profesión matemática en todos sitios (desde series de televisión a un esfuerzo divulgativo, pasando por la incorporación de estos profesionales a variadas tareas dentro de equipos multidisciplinares), ha llevado a que "estudiar matemáticas" vaya más allá de una especie de locura vocacional y es un seguro de empleabilidad para quienes realizan estos estudios.

Fueron muchos los esfuerzos por descubrir qué elementos serían de interés para despertar vocaciones: desarrolla la imaginación, hace personas creativas, sirve para la vida cotidiana,… Pero nada tan efectivo como aquello que nos dio la misma realidad: ¡las empresas se rifan a un matemático en sus plantillas! Una vez que se descubren las Matemáticas como un nicho laboral seguro, poco más hay que añadir: no hay mayor vocación en el ser humano que la búsqueda de la estabilidad. Y eso, sin duda, lo ofrece un puesto de trabajo (cuando es con un salario digno).

Y este reto tan actual es imprescindible hacerlo con personas bien preparadas; algo que no está siendo fácil solventar: buena parte de la docencia está siendo resuelta por profesionales de otros ámbitos de las Ciencias Experimentales, lógicamente sin una suficiente formación matemática. Una solución apropiada a esta situación sólo puede pasar por una suficiente dotación presupuestaria que permita una mayor dedicación de futuros profesionales tanto a la docencia como a la investigación, y que ha de llegar desde la inversión pública.

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