Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

'Fiestuqui' y caña al 'poli'

El 'pan y circo' romano lo aportan hoy los municipios en versión 'colocón y desfase'

Decimos "dame pan y dime tonto" cuando hablamos de obtener un beneficio gratuito sin importarnos los medios, incluido el pasar por cretino. Fue el poeta latino Juvenal quien en sus Sátiras acuñó aquello de panem et circenses, pan y circo. En su sarcasmo mete ya al gobierno, el dador de carnaza en modo de diversión a un pueblo narcotizado con ella y con su gratuidad. Es claro que no resulta en absoluto gratis la liberalidad del político que así mantiene al personal despistado o ajeno a sus mangoneos: lo paga el propio pueblo atontolinado. Fueron intelectuales españoles quienes, ya en el siglo XIX, trajeron esta enseñanza a la órbita castiza con el pan y toros. Karl Marx acuñó otra versión más filosófica y oscura: "La religión es el opio del pueblo"; apostemos a que hoy el fútbol hubiera sustituido a la religión en el aserto del alemán. O sea, estamos ante todo un universal de la política, algo que cientos y cientos de gobernantes de cualquier condición han practicado con eficacia a lo largo de la historia.

Así seguimos. Pan, toros, fútbol, religión; del engaño de la tripa, la muleta, el balón o la degradación supersticiosa o folclórica de lo espiritual, se dio paso a la juerga subvencionada en plena democracia. Qué apuro da volver ver aquellas imágenes de Tierno Galván, alcalde de Madrid en la Transición y la Movida, inaugurando las fiestas municipales, ataviado con traje y gorrilla de pintor, pronunciar aquel colofón a su discurso: "A colocarse… ¡y al loro!". No ha cambiado mucho la cosa: verbenas de barrio y pueblo constantes, largas ferias de primavera y verano por doquier, en su inmensa mayor parte con cargo a presupuesto y tan indispensables como ruinosas (salvo, ya decimos, en cuanto a la rentabilidad política que reporta la anestesia colectiva). Ahí no se escatima. Se trata de la cara lúdica del prisma del populismo. Convendrán en que el pan y circo es una consigna de gobierno no ya en aumento, sino ya estructural en este país. Sucede que al niño mimado, y más si el mimo estratégico cursa con un colocón de narices, y es ajeno a ninguna obligación asociada -imperan los derechos huérfanos de responsabilidades-, es normal que surja el vandalismo. Y que los jóvenes fuera de sí vean como parte del desfase el luchar contra la Policía y darle cuanta leña se pueda… porque no pasa na: con el tiempo, la caña a madero figurará en el programa de actividades. Ha sucedido esta semana de nuevo, en Arganda del Ebro, como sucedió en 2017 en el barrio del Pilar de Madrid a gran escala.

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