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Derrida, en su libro Fuerza de Ley, expone los dos lados de la norma legal. Por un lado la justicia, que trasciende siempre sobre lo jurídico, y por otro el sistema legal en sí mismo, imprescindible para aplicar justicia y sin el cual la misma justicia no sería posible. La justicia necesita de una normatividad para existir. No obstante, ambos elementos mantienen una relación tortuosa. Para expresarlo correctamente se podría idear una metáfora sobre el cuerpo y la carne. Veamos: mientras la carne podría ser la justicia, lo moral, lo ideal, el cuerpo sería el soporte o el vehículo donde la carne se desarrollase.

Hablamos aquí de derecho, que no es otra cosa que la moral aplicada o técnica. Pero ahí está el problema, sin embargo: en el cuerpo. Cuando el cuerpo se hace carne, (cuando la justica busca la norma para existir) lo hace en forma de fuerza no violenta o como fuerza violenta (autoridad: tiranía). Dispensadas la dos, la dificultad para el gobernante, y hasta para el ciudadano, estriba en saber discernir una de la otra y establecer un criterio para separarlas. No es adecuado confundirlas ni tomar una por la otra. En la historia errores de ese calado han provocado muchas muertes y degradaciones.

Los tratos vejatorios y los atentados contra la dignidad narran desgraciadamente nuestros libros de historia. Pero, ¿cómo hacerlo? ¿cómo separarlas? Es difícil la respuesta, la verdad. Así lo reconoció Derrida. ¿Cómo saber si aquellos que se disfrazan son tiranos en este momento de políticas performativas y de diseño televisivo? Parece una repuesta abierta ante la hipocresía política. Lo único claro, según las palabras del maestro, al final de sus reflexiones, es que el derecho no tiene la misma naturaleza que la justicia. Ninguno de ellos se parece al otro en absoluto. Son entes distintos. Tanto si el vínculo que les sitúa en cercanía es la fuerza violenta (autoridad) como si no (fuerza de ley), el derecho es ajeno a la justicia. Y es más, este manipula a la justicia para sus objetivos. Incluso en el mejor de los casos, suponiendo que fuese para un fin noble, el derecho (técnico) se apropia de la justicia y la transforma. Dicho así el cuerpo engulle a la carne o mejor dicho: el derecho deconstruye a la justicia. A bote pronto esto no nos resuelve cómo discernir la fuerza de la autoridad, pero si nos aclara que las dos son una forma de violencia.

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