MIGUEL GALINDO

Galdós, los Ayacuchos

COMO un espejo que refleja su contrario, este Episodio (EN 29) contrasta con el envés del titulado Los apostólicos (EN 19). Han transcurrido diez años y del terror absolutista hemos pasado a un periodo liberal bajo una monarquía constitucional. Galdós nos sitúa al comienzo de la Regencia de Espartero desde 1841. La reina Regente Mª Cristina se ha exiliado a Francia ante la negativa a la aprobación de la nueva Ley de Ayuntamientos, cuyos alcaldes serían designados por la corona. Además se promulga un reclutamiento adicional de quintas que, unido a las medidas de librecambio con Inglaterra darán ocasión a los motines, revueltas e insurrecciones sobre todo en Barcelona.

Estos hechos históricos dibujan el telón de fondo sobre el cual Galdós proyecta el relato de ficción del héroe nacional Fernando Calpena (aquí ya claramente un Hércules, ocupado en su séptimo trabajo) y otro héroe, alter ego, el coronel Santiago Ibero. Ambos corrieron aventuras en el Episodio Montes de Oca. El fusilamiento de este determina que Ibero se refugie desengañado en un convento en Ripoll y transforme el uniforme por la sotana. Hasta allí se dirige su amigo Calpena para rescatarlo y traerlo a la orden de la caballería y del hogar burgués.

De fondo escucharemos el griterío de una sociedad entre feudal y preindustrial, defensora del catolicismo frente al liberalismo, antes absolutista (en cualquiera de las posibles variantes matrimoniales) que constitucional, antes machista, defensora del pretendiente Carlos V, que respetuosa con las leyes vigentes.

De hecho el lamentable bombardeo sobre Barcelona durante quince días será justificado una y otra vez por Calpena-Galdós, eximiendo al General Espartero de responsabilidad y minimizando las consecuencias de dicha acción bélica. La trampa moderada, auspiciada desde París por la reina gobernadora con el beneplácito de Felipete, queda recogida en esta valoración del Journal de Débats: «Si el Regente reprime el movimiento de Barcelona, se acabó su popularidad; si no lo reprime, se acabó su poder». Añade Calpena «debajo se intuye la firma Yo la Reina».

El objetivo narrativo-histórico-pedagógico está claro desde el principio al relatarnos la vida cotidiana en Palacio de las «huérfanas» infantas, la educación dirigida por Agustín Argüelles y las materias que debían aprender con el preceptor-poeta Manuel José Quintana. La causa de su tío se nombra como el «coco» asociada a «Pretendiente», «pretensión». De este modo resulta evidente la influencia liberal en la educación primaria de las infantas.

Pero desde el cap. IV hasta el XXIX se establece una relación epistolar entre los personajes de ficción que desentrañan los acontecimientos más relevantes desde el 8 de octubre de 1841 hasta diciembre del 42. En el centro se sitúa Fernando Calpena y desde él se irradian cartas a Madrid, a Barcelona y otras localidades aragonesas, navarras y de La Rioja (incluso su capital Logroño). Dos hechos paralelos se relatan: la ficción amorosa entre las mayorazgas Demetria y Gracia (en La Guardia) con Calpena y Santiago Ibero, por un lado, y la lucha entre el «Progreso» y el «Retroceso». Si además se proyecta la distinta actitud de Inglaterra (la cuestión algodonera) y Francia (la cuestión sucesoria) hacia los asuntos de España, obtenemos una instantánea adecuada del mensaje que Galdós nos transmite.

La posición del «Progreso» la representa Espartero y su camarilla «Los ayacuchos». Esta palabra, ya como adjetivo o sustantivo, se repite a lo largo de la novela como un estribillo que define a este periodo de dominio en la vida política del «progresismo esparterista». El punto de vista del «retroceso» lo representa el absolutista Socobio quien califica a Espartero como «Cromwell de Granátula», «el Tío Cromwell» apoyado por el «oro inglés» para ofrecer una «solución aurífera». Su gobierno le parece el «retablo de maese Baldomero» e identifica el lenguaje riojano con el ayacucho mediante el ejemplo: «Ea, chiquios, si quereis disus, disus, y si no estaisus, como vus dé la gana».

También registra expresiones en catalán, identificando a los insurrectos con un movimiento democrático-socialista, airea que se gritaba a favor de la república con frases como esta «ja, la campana sona, la cansó ya retrona; anem, anem, republicans, anem» dirigidas contra el gobierno de la regencia ayacucha, sin nombrar, para nada, a la reina gobernadora.

El bombardeo de Barcelona resonará como el último estruendo de una década que se abrió con una guerra civil y pone punto y final a la minoría de edad de Isabel II.

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