El gobierno de España, los españoles, como se construía, conservaba y transmitía su historia y cultura, e igualmente Hispanoamérica y Europa, fueron siempre y a lo largo de toda su vida, las preocupaciones constantes de Benito Pérez Galdós. El pasado domingo acudimos a las urnas para votar a los responsables públicos en el gobierno de nuestra nación. No elegimos, por mucho que les complazca verse y actuar como tales, a los dueños de vidas y haciendas. Sobre el poder y los gobernantes escribió Galdós: "Creo que la política no se hace con sentimientos sino con virtudes, y como no tenemos estas, poco adelantamos". La élite de poder que mantiene enjaulado a nuestro país, a la sociedad que constituimos, fomentando el analfabetismo funcional teleopinador, forjando sin descanso rejas de odio, falacias históricas y grosera manipulación de sentimientos; dudo mucho que jamás hayan leído a Galdós. Reflexionado y aprendido sobre lo que escribió, y como vivió, dado el empeño que tienen en mantenerse fieles a algunos de nuestros peores errores históricos, tales como el cainismo y desprecio al mérito. La persecución fanática a quienes se esmeran por fraguar la impronta de su vida a base de estudio, trabajo, honestidad, solidaridad y responsabilidad compartida. Hostigan sin descanso a las personas que se empeñan en que los españoles seamos una sociedad, una nación libre, creativa y ejemplarmente civilizada. El conocimiento ha de ser pragmático, nunca manipuladamente servil ¡y mira que tenemos de donde aprender¡ Trileros siempre, meritorios jamás. Si la política en democracia queda reducida a maniobras y apaños para apoderarse del poder sin más ambición que, como él mismo describió en su célebre discurso de 1912, "pastar en el presupuesto", entonces no existe más horizonte que la ruina moral y material. En nuestro arrogante presente Fortunata y Jacinta están más vivas que nunca recordándonos que "la moral política es una capa con tantos remiendos, que no se sabe ya cuál es el paño primitivo". Siempre tan sensato y apasionado por la vida fue consciente sin presunciones ni triunfalismos inútiles, de la capacidad que ofrece nuestra cultura hispanoamericana para bregar con los desafíos que plantea la ardua naturaleza humana. ¿Seremos ahora capaces de ponerlo en práctica? Galdós decía que "la esperanza parece que se agarra más cuando más chica es". Que crezca.

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