El Pingurucho

aDRIANA vALVERDE

Gobernar sin la gente

Queda demostrado el escaso apego a la democracia participativa del alcalde

Una de las herramientas fundamentales que tiene la ciudadanía en democracia es la participación vecinal. Almería es mejor ciudad gracias a la lucha incansable de los vecinos y las vecinas, lucha que han venido manteniendo desde hace décadas para mejorar sus barrios, su calidad de vida y los lazos entre los distintos núcleos urbanos. Almería es un municipio muy amplio, una ciudad que va desde Castel del Rey hasta Cabo de Gata, y necesita la participación vecinal para articularse. Cualquier alcalde o alcaldesa que se precie tiene que contar con las asociaciones y federaciones vecinales en la toma de decisiones. ¿Quiénes mejor que ellos para hacer un diagnóstico certero de nuestra ciudad?

Lamentablemente, el equipo de gobierno del Partido Popular en el Ayuntamiento de Almería y el alcalde han dejado de contar con ellos. En su política de "todo para el pueblo pero sin el pue-blo", el alcalde ha vuelto a incumplir otra de sus promesas electorales. Y son muchas ya. El PP nos vendió un proyecto ambicioso para adaptarnos a la Ley de Grandes Ciudades, aprobando para ello un Reglamento de Participación Ciudadana, que hoy día también ha sido modificado.

En 2014 se constituyeron en Almería tres Juntas Municipales de Distrito, ampliadas hasta las cua-tro que hay en la actualidad. Sin embargo, siete años después, el alcalde ha desmantelado el movimiento social y el concepto de participación ciudadana: ha cerrado las Juntas Municipales de Distrito, no ha renovado los órganos de dirección y gobierna la ciudad sin permitir a los alme-rienses participar en las decisiones que adopta su Ayuntamiento. Esto es un asunto que nos afec-tan a todos. Y nos afecta como ciudad.

Desde el PSOE veníamos pidiéndole al alcalde que negociara la nueva distribución de los actuales cuatro distritos con todo el sector vecinal, como así se lo reclaman también las propias federa-ciones de asociaciones de vecinos. En su política de ordeno y mando, el alcalde ha vuelto ha im-poner su gestión autoritaria al despreciar al movimiento vecinal obviando la negociación y el diá-logo entre todos los actores sociales llamados a participar.

Una vez más queda demostrado el escaso apego a la democracia participativa del alcalde, inca-paz de hacer frente a las demandas vecinales. Un alcalde que no da la cara por sus vecinos. Y esto es algo que los socialistas vamos a cambiar en la próxima corporación municipal.

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