Granada otra vez

Es sábado por la tarde y el coronavirus tiene a Granada totalmente cercada pero pasando por esta calle

En el nuevo intento de conquista hace menos frío a primera hora y un poco más tarde hace ya calor. Hay chicos jóvenes en manga corta sobre los trozos de hierba que deja libre la ciudad entre los mamotretos urbanos y circuitos viales rodados imposibles. Estamos casi a final de octubre y se ve ya nieve en Sierra Nevada aunque como quien dice, todavía casi es verano y sólo hace un poco de frío en la sombra. Pedro Antonio de Alarcón se ha renovado, al menos para mi vista. Yo lo recuerdo como esa calle de cochambres y aceras sucias y ahora es una calle agradable llena de terracitas de bares de diseño con menú de tapas exóticas y lavanderías modernas con servicio de recogida de Amazon aunque también están los sempiternos alimentación diminutos y los pubs. Los pubs siguen siendo los mismos aunque hayan cambiado de sitio y de nombre y ya no existan. A las seis de la tarde ya reparten flyers las chicas repintadas en las bocas de los callejones y no paran de entrar y salir personas en pubs oscuros con siniestro vestíbulo de entrada. Es sábado por la tarde y el coronavirus tiene a Granada totalmente cercada pero pasando por esta calle, con el calor y el flujo constante de alta densidad de personas, sobre todo jóvenes, y tanta vida, nadie diría que un manto gris está a punto de envolverla. Todo es muy hipster, menos las personas mayores que siguen resistiendo en sus casas de toda la vida en esta zona tomada por los estudiantes. Yo lo recuerdo hace treinta años más oscuro y más sucio, aunque la vida era la misma sólo que antes era la mía y ahora yo ya no existo, son las trampas de la memoria que nos lleva a ver distinto lo que es completamente igual. Sigue la calle donde vivía mi profesor, sigue la librería técnica con libros y miles de útiles de dibujo que antes tanto miraba, se baja por escaleras a un semisótano donde están casi hundidos pero todavía vivos todos los tesoros imaginables, incluso ese portaminas perfecto que ya no se fabrica, solo le queda el último y está en una vitrina, pensaba que no se vendía pero sí, me lo vende y ya no existen más. No habrá más, sólo yo tengo todos los que existen en el universo. Hay miles de portaminas a la venta, de nuevos diseños, pero jamás lo igualarán. Mientras se hunde poco a poco el semisótano con todos los tesoros el día va terminando y el destino envidioso prefiere hacer que cierren la provincia para que yo no vuelva más.

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