Carta del Director/Luz de cobre

Guerras del agua, caminos sin retorno

Y es que ser solidario no va con los humanos, avaros y acaparadores, cuando de gestión del agua se trata

No sé de qué nos sorprendemos. Que a estas alturas del partido pongamos el grito en el cielo porque aquellos a los que les tocan sus recursos hídricos monten en cólera es habitual, lamentablemente, en una tierra en la que el agua propia no se toca. Eso sí, la de otros, a ser posible mucha y buena, no debe dejar de manar jamás y a un precio barato.

La solidaridad cuando de líquido elemento hablamos, ya sea para abastecimiento o para riego, es unnombre que no está en boca de nadie. Hasta ahora nunca he conocido el caso de que los propietarios de un sondeo, una fuente, un trasvase o un río, por poner algunos ejemplos, los hayan puesto al servicio de la mayoría, como entiendo debe acontecer. Al contrario, las guerras o cismas del agua llegan sin previo aviso. Se sabe como empiezan, pero las consecuencias son imprevisibles. Y es que ser solidario no va con los humanos, avaros y acaparadores cuando de agua se trata. Y el agua, no lo olvidemos, es supervivencia. Y es aquí donde nuestro más primario instinto sale con toda su fuerza. Y como la lava de un volcán se expande quemando todo lo que encuentra a su paso, sin importar qué, quién o quienes son los damnificados.

La polémica de la semana tiene mucho que ver con la sequía. El trasvase del Negratín al Almanzora, cortado por la escasez de precipitaciones en zona alta del Guadalquivir, ha despertado al monstruo del egoísmo, al caballo de la insolidaridad, al animal de la avaricia. ¿Se imaginan que aquellos que nos quitan la sed del Guadalquivir y del Tajo tuvieran la misma actitud que mantenemos con los pozos de emergencia? Mucho me temo que les estamos dando argumentos sólidos para impedir trasvases en el futuro cuando de verdad lo necesitemos. No ha sido una buena idea.

Dicho esto, quiero dejar claro que soy contrario a cualquier esquilmamiento de acuíferos. No podemos permitirnos acabar con los recursos legados por nuestros antepasados en pro de no se que industria agroalimentaria, para beneficio de unos pocos y escasa generación de puestos de trabajo. La sostenibilidad de los recursos debe ser el argumento que debe guiar cualquier actuación, no ya en la zona alta del Almanzora, en cualquiera de nuestras cuencas sobreexplotadas por los excesos reiterados en los últimos lustros, unos propios del desconocimiento y otros, llegados por cultivos que nada o muy poco tienen que ver con la industria agrícola que sustenta nuestro desarrollo.

Meditemos, aunque sea un minuto, en las consecuencias de nuestros actos cuando de agua hablamos. El devenir futuro traerá resultados y acciones que hasta ahora no se han producido, pero que irán por el camino sin retorno propio de una sociedad que mira en exceso hacia adentro y piensa poco en los demás.

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