Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Hablar con Vox

Con Vox hay que hablar, dialogar, empatizar con sus votantes, entender sus miedos y rebatirlos

Algunas de las razones del éxito de la democracia norteamericana no los apreció Tocqueville porque vinieron después: costumbres no recogidas en su Constitución, pero que con el tiempo se convirtieron en usos constitucionales. Uno de ellos es -o fue porque los tiempos cambian- la mutua tolerancia. Respeto al contrario y acepto la cesión porque le legitiman sus votos. Es uno de los pilares del parlamentarismo, aunque no esté recogido tal cual en su Constitución.

Y sí, hay que hablar con Vox, dialogar y discutir, porque llega a la Cámara autonómica respaldado por 400.000 andaluces que, en mi opinión, han expresado varios miedos: a la inmigración; a la división territorial de España; a lo que sus dirigentes llaman ideología de género, y a la prohibición de la caza y las corridas de toro. Miedo, peligrosamente, inclinado hacia el odio, pero reforzado por una voluntad de sana alternancia política.

Con Vox hay que dialogar y empatizar con sus votantes , para contraponer su discurso, para rebatirlo y para que no caigan definitivamente en el odio.

Analicemos una de sus propuestas estrellas: la devolución de las competencias de educación desde la Junta de Andalucía al Estado. ¿A quién? El Estado español carece de una administración para gestionar colegios e institutos, como tampoco la tiene para los hospitales y los centros de salud; no existe el órgano para tales funciones, habría que crearlo, con lo cual haríamos un pan con lujosas tortas, pero en vez de contar con la tahona al lado de casa, estaría en Madrid. Esto se llama principio de subsidiariedad: los asuntos que se pueden resolver cerca del ciudadano es mejor resolverlos, en efecto, cerca.

Por eso, entiendo que el problema de Vox con la educación debe ser otro. Es la cohesión, las duplicidades y las distorsiones. En España dimitió un ministro de Justicia porque tenía permiso de caza de Ciudad Real, pero no en Sierra Morena, pero no por eso nos oponemos a la España de las autonomías, sino a favor de un carné nacional de caza o de una tarjeta sanitaria para todo el territorio.

Otro asunto es el del idioma. Un opositor vasco tiene más facilidades para dar clases en Andalucía que un andaluz en el Bilbao, pero es que en Cataluña hablan catalán desde que dejaron el latín. Y eso también es España. Claro que el castellano no puede ser discriminado y el Estado deberá equilibrar lo que la autonomía desequilibre. De acuerdo, ¿pero por eso vamos a enviar Educación a Castellana, 63?

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