Opinión

Joaquín Pérez de la Blanca

Hasél

Cierto es que la libertad de expresión es un derecho reconocido en la Constitución, pero todo derecho tiene sus límites

Estamos asistiendo a un espectáculo dantesco con ocasión de las protestas que se están sucediendo en distintas partes de nuestra geografía en apoyo a Pablo Hasél. Pablo Hasél es el nombre artístico de un rapero , hijo de un conocido empresario leridano, que ha sido condenado en un procedimiento con todas las garantías por, entre otras lindezas, alabar a la banda terrorista ETA y pedir que vuelvan a atentar. Este sujeto ha aparecido en la televisión junto con otro perla, alias Valtònyc, defendiendo la vía de la fuerza y las armas para imponer su opción política. Es digno de mención, además, que en su día recibió el apoyo de otros conocidos personajes de esa izquierda bien subvencionada como Javier Bardem, Pedro Almodóvar o Joan Manuel Serrat; personajes que suelen erigirse en defensores a ultranza de lo que es moralmente justo y lo que no y que, sin embargo, se encuentran imbuidos en un atronador silencio desde que comenzó la crisis de la Covid, a pesar de que la gestión llevada a cabo por este Gobierno ha sido desastrosa además de cobarde. La izquierda dicta lo que es moralmente justo y lo que no. Se nos dicen las formas y expresiones correctas que debemos usar para que nadie se sienta excluido (bajo la pena de ser llamado fascista), se nos impone el tipo de educación para nuestros hijos (con la reciente modificación de la ley de educación), se atenta y se falta al respeto a nuestras creencias y tradiciones católicas (recordemos cánticos tan de moda como "arderéis como en el 36") y ahora, lo último, llega un rapero que anima a la banda terrorista a volver a matar y, ¡sorpresa!, le ampara la libertad de expresión. Podemos, sin embargo, no reconoció tal derecho a los que se refirieron a su líder con el apelativo de "rata" o a aquellos otros que compusieron una coplilla sobre Irene Montero. No, en esos casos Podemos denunció valiéndose de nuestros tribunales de justicia; tribunales cuya objetividad e imparcialidad le ha dado por cuestionar últimamente. Cierto es que la libertad de expresión es un derecho reconocido en nuestra Constitución Española, pero no lo es menos que todo derecho tiene sus límites, y estos se atisban cuando comienzan los derechos de los demás. Si declaramos barra libre para decir todo lo que se nos pase por la cabeza sin temer repercusión alguna, a pesar que se puedan lesionar otros bienes igualmente dignos de protección como la dignidad de las víctimas del terrorismo o el derecho a no sentirse amenazado, preparémonos para protestas violentas no sólo de un lado. Preparémonos para lo peor.

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