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Ojo de pez

Pablo Bujalance

pbujalance@malagahoy.es

Hechos reales

Al dejar claro lo mucho que le disgusta la memoria histórica, Díaz Ayuso demostró que lo que la repele es la Historia

No falla: Ortega Smith acusa a las Trece Rosas de haber violado y torturado durante la Guerra Civil. Alguien, en una columna, en un artículo, sugiere que tal afirmación es una barbaridad, que las evidencias históricas de que disponemos sostienen que estas jóvenes, algunas menores de edad, fueron víctimas y no verdugos y que si Ortega Smith dice eso debería tener pruebas que lo demuestren. Y de inmediato las redes se llenan de acólitos que insisten en que cuanto más se ataca a Vox, más ganas tienen muchos de votar a Abascal y los suyos. Como si un argumento fuera en detrimento del contrario, como si la evidencia de que cualquiera puede votar en España a quien le dé la gana impidiera a los periodistas hacer su trabajo; como si, en fin, pedir explicaciones a cualquier portavoz político por unas declaraciones significara que se está atacando a Vox. Al final, claro, uno se acaba acostumbrando a los exabruptos y a los ejércitos defensores de sus líderes, porque lo de salir a proteger al jefe es algo que tradicionalmente se nos ha dado muy bien en España; pero cabe subrayar el modo en que Vox ha sabido aprovechar el escaso rigor histórico con el que España ha decidido asumirse, conocerse e identificarse para que, ciertamente, la sal gruesa acabe normalizándose en la cocina de la Historia. Y aquí perdemos todos.

Por otra parte, que Díaz Ayuso haga otras declaraciones aún menos afortunadas sobre la quema de iglesias para dejar claro lo mucho que le disgusta la memoria histórica demuestra que lo que en realidad la repele es la Historia. Y en esto, claro, va de la mano de Ortega Smith, sin complejos. El problema es que la derecha perdió la batalla no sólo de la memoria histórica, además de la manera más vergonzosa, con aquellas crueles declaraciones de Pablo Casado y Rafael Hernando dirigidas a quienes aún buscan a sus familiares en las cunetas; también ha perdido la de la Historia, por pura torpeza, ya que ante el empeño de la izquierda en arrogarse la victoria moral decidió pasar de largo, asumiendo que tenía las de perder cuando, ciertamente, había muchos matices que añadir al discurso oficial: una estrategia más afortunada habría contribuido a legitimar, también desde la Historia, una posición conservadora en España y en igual actitud moral respecto a la izquierda. Pero la derecha supo que la Historia, simplemente, no interesa. Resultaba más rentable el borrón y cuenta nueva. La sal gruesa en la cocina.

Así que ya no podemos abordar la Historia sin revanchismos ni barbaridades. Ese pacto se quedó sin hacer y hoy pagamos el precio. No hay hechos, sólo venganza.

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