Heredaréis la tierra

El individuo consume hoy una parte muy importante de su tiempo delante de una pantalla digital para trabajar

Lo que muchos sospechábamos parece confirmarlo la ciencia. Estudios muy serios alertan de una disminución alarmante del coeficiente de inteligencia de los individuos en los países más desarrollados, más avanzados o más tecnologizados. Todos coinciden en afirmar una progresiva caída de la inteligencia desde finales de los noventa, de forma imparable, hasta hoy. Con anterioridad, hasta mediados de los noventa, la tendencia en el incremento de la capacidad intelectual era una constante, una curva ascendente. Los estudios indican que la inversión de la tendencia coincide con la implantación generalizada de las nuevas tecnologías digitales, de internet, de las redes sociales y de los dispositivos electrónicos que las soportan y facilitan. El individuo consume hoy una parte muy importante de su tiempo delante de una pantalla digital para trabajar, informarse, comunicarse con otros, jugar o verter opiniones. En estos nuevos soportes, la lectura tradicional es el ejercicio más perjudicado, bien porque desaparece o porque, cuando se practica, la inmediatez y velocidad que exigen solo la permite de una forma muy superficial o larvaria. En nada se profundiza, en nada se aprehende. La falta de lectura seria y pausada no sólo afecta al conocimiento, también a nuestra forma de comunicarnos, que se hace cada vez más limitada y primitiva. Resulta asombroso ver como miles de personas vierten en redes sociales, alegre y arrogantemente, indoctas opiniones sobre los más variados temas, amparados por un concepto muy mal entendido de la democracia y de la libertad de expresión que, a fuerza de asirse a él, iguala a todos los individuos por el rasero más bajo y contribuye eficazmente al atontamiento generalizado, en crescendo imparable. Estas opiniones, además, se realizan con un uso del leguaje tan deleznable, tan precario, cutre e incorrecto, que parecen dinamitar toda esperanza de salvación. Lo que confirma la ciencia ya lo vaticinó hace años el periodista italiano Pino Aprile en su libro "Elogio del imbécil", donde constata la generalización de la mediocridad intelectual y, aún más, el acceso imparable a puestos de responsabilidad, mando o gobierno, de individuos literalmente tontos o estúpidos. Con estos mimbres tendremos un futuro negro. El tercer mundo, integrado por personas ágiles y despiertas, curtidas y sacrificadas, sin atisbo de tontuna, espera ansioso su momento. No tendremos salvación alguna; sucumbiremos sin remedio.

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