República de las Letras

Historia criminal del Cristianismo

¡Qué barbaridad, cómo es posible que una mentira de ese calibre haya sobrevivido más de 2000 años!

Releo los primeros tomos de Historia Criminal del Cristianismo, de Karlheinz Deschner, una monumental obra que compré en el 92 directamente a la editorial Martínez Roca. Trabajo exhaustivo, minucioso, tenaz y beligerante, versa sobre la larguísima serie de crímenes cometidos en Europa y medio Oriente por los cristianos, en especial los católicos, pero también por el resto de confesiones, tanto su dirigentes como sus congregaciones, sínodos, y resto de mandatarios y organizaciones, en nombre de una supuesta unidad de fe y contra diversas herejías y sectas evangélicas. Cada una de estas, cada uno de los padres y doctores de la Iglesia, papas, órdenes y comunidades religiosas son analizados en su decurso histórico y sometidos a juicio sus intereses terrenales y su ambición de poder, que han sido los detonantes de todas sus actuaciones y con frecuencia de la Historia. Desde Pablo (verdadero creador del Cristianismo) y su catártico enfrentamiento con el apóstol Pedro, a Juan Crisóstomo, Arrio, el papa León I, Agustín de Hipona o Martín de Tours, todas las cabezas descollantes del Cristianismo pasan por estas páginas dejando en ellas la verdadera razón de sus controversias teológicas, que tantísimas veces llevaron a reyertas, sublevaciones, guerras civiles y expansiones territoriales, con sus correspondientes "daños colaterales" de saqueos, violaciones, asesinatos, deportaciones, esclavitud y ejecuciones sumarias -a la cabeza de las cuales habría que situar la de un tal Jesús, natural de Galilea, condenado por los romanos, y del que no se tiene noticia histórica alguna excepto una difusa alusión de Flavio Josefo en el contexto de las guerras judías del siglo I-. Así, a sangre y fuego, el Cristianismo se convirtió en el nudo gordiano del Imperio romano a partir de Constantino I, titulado por la Iglesia como el Grande, que comprendió enseguida que la unidad del Estado solo podía era posible ya sobre la unidad ideológica en la fe. Iglesia y Estado fueron, a partir de entonces, dos caras de la misma moneda y la salvaguardia del poder económico de las élites romanas, poder basado históricamente en la propiedad de la tierra y en la mano de obra esclava. Y todo eso, a partir de la tergiversación del mensaje de amor al prójimo de aquel galileo de dudosa existencia histórica. ¡Qué barbaridad, cómo es posible que una mentira de ese calibre haya sobrevivido más de 2000 años!

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