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La falsa defensa de la virtud del primer ministro holandés, Mark Rutte, ha puesto a los Países Bajos en la diana de los rencores europeos. Pero Holanda no actúa en solitario; es uno de los cuatro peones que defienden las tesis de Alemania de frugalidad presupuestaria y austeridad en el gasto dentro de la UE, con Austria, Suecia y Dinamarca. Sin embargo, la integridad holandesa no es la misma a la hora de los ingresos: su permisiva -e inmoral- legislación impositiva, cómplice de los paraísos fiscales, le cuesta miles de millones de ingresos a sus socios europeos.

En todo caso, la videocumbre del jueves ha dejado a Europa dividida y mortificada. De un lado hay nueve países, entre ellos cuatro de los seis fundadores, Francia, Italia, Bélgica y Luxemburgo, más España, Portugal, Grecia, Eslovenia e Irlanda. Reclaman mutualizar con eurobonos una deuda extraordinaria para paliar los efectos de la crisis sanitaria. Merkel y Rutte se cerraron en banda provocando la rebeldía española e italiana, la indignación portuguesa y el asombro francés. La actitud gala no se limita a su presidente. Le Monde advertía en un editorial esta semana que la UE tiene que ganar la batalla de la geopolítica mundial en la que chinos, rusos y hasta cubanos juegan mejores bazas. Y Libération se preguntaba si Europa ha sido un proyecto solamente de la segunda mitad del siglo XX, como piensan Donald Trump y Xi Jinping.

El malo de la película es atacado por su doble moral. Holanda, junto a Reino Unido, Irlanda, Suiza, Singapur y otros, propicia que se evadan impuestos en Europa por una suma equivalente al presupuesto anual de la UE, de 170.000 millones de euros. Sus productos tienen nombres exóticos, que parecen sacados del menú de Starbucks: el doble irlandés, el sándwich holandés o el solo maltés. Sociedades pantalla, peloteo por un entramado de empresas que acaba con los fondos en un paraíso fiscal… El sándwich holandés está detrás de parte del entramado para eludir impuestos montado por las multinacionales norteamericanas para evitar tributar por los beneficios que consiguen en territorio europeo.

Holanda podría dar ejemplo en los ingresos antes de pedirlo en el gasto. Pero no; Rutte llegó a la cumbre presupuestaria del 20 y 21 de febrero con un libro y una manzana, para explicar que esperaría tranquilamente y nunca consentiría que el techo de gasto subiera por encima del 1% del PIB comunitario. Con la evasión fiscal que facilita entre otros su país, esa cifra podría duplicarse. En la actualidad el liberal Rutte encabeza una coalición de derechas con dos partidos cristianodemócratas, pero cuando llegó al poder en 2010 lo hizo con el apoyo del partido de extrema derecha PVV, liderado por el xenófobo Wilders, demostrando que los cordones sanitarios, cuando hace falta, casi nunca se cumplen. Eso sí, le pone un muro a los coronabonos mientras nos roba impuestos a espuertas.

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