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La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

Iglesias, al final de la escapada

La candidatura de Errejón le puede dar la puntilla a Pablo Iglesias: le quitará escaños y ha cuarteado ya su liderazgo

Más País quiere decir Más División en la izquierda, Menos Unidad. Menos opciones de Gobierno progresista. También quiere decir que el cainismo de la izquierda española, inveterado entre socialistas y comunistas, se ha propagado ahora dentro del espacio poscomunista que pretendía ocupar Podemos desde su nacimiento en la calle y en la élite politóloga.

La candidatura de Íñigo Errejón a las elecciones del 10-N amenaza con dar la puntilla a la carrera política de su compadre y ex amigo Pablo Iglesias, que ya venía lastrada por sus errores estratégicos, vaivenes ideológicos, cesarismos y malabares ético/estéticos como la gestión del chalé de Galapagar. En realidad la única tabla de salvación de su liderazgo era tapar el retroceso electoral de Unidas Podemos entrando en el Gobierno de coalición con el PSOE, y eso lo malograron en julio entre Pedro Sánchez y él mismo. Lo hicieron imposible para entonces y, con toda probabilidad, también para la próxima investidura.

Por mal que le vaya en las urnas venideras a Íñigo Errejón y por bien que le vaya a Pablo Iglesias, la candidatura de Más País se nutrirá de antiguos votantes de Unidas Podemos en mayor medida que de los procedentes del PSOE. Los escaños -pocos- que obtenga Íñigo serán básicamente escaños que pierda Pablo (aunque el nivel de abstención y el sistema electoral también tendrán su influencia). ¿Resultado objetivo? Podemos, con Iglesias al frente y aun después de coligarse con Izquierda Unida, camina, decidido, de derrota en derrota. No son pocos los que piensan que el hiperliderazgo de Pablo es el primer responsable de esta carrera imparable hacia la irrelevancia. ¿Tanta lucha en la construcción de una izquierda radical sin lastres del pasado para acabar siendo poco más de lo que representaba Izquierda Unida, y no en sus mejores tiempos?, se preguntan.

Ya la propia aparición de Íñigo y sus primeros movimientos están agujereando el liderazgo de Pablo. Le ha arrebatado la alianza con los valencianos de Compromís, le ha descolgado a los superminoritarios verdes de Equo, amenaza sus pactos en Aragón y consolida la independencia de las mareas gallegas y el ansia confederal (con siglas propias y grupo parlamentario en el Congreso) de Teresa Rodríguez, mucho más valiosa electoralmente que él mismo.

A lo mejor no dimite y sus compañeros le dejan creer que sigue vivo, pero su tiempo ha pasado. No se asalta el cielo en cinco años.

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