Opinión

Igualdad real

Una Ley de Igualdad Salarial acabaría con la discriminación primera que padecemos las mujeres: la económica

El lamentable espectáculo que ofreció la semana pasada el eurodiputado polaco Janusz Korwin-Mikke al asegurar que las mujeres deberíamos cobrar menos por ser "más débiles, más pequeñas y menos inteligentes" es un indicativo claro de cómo de arraigado está el machismo en la sociedad europea. Tan normalizado está que ha anidado en su mismo corazón: el Parlamento Europeo. El problema de Korwin-Mikke no es que su ideología sea neandertal: el verdadero problema es que hay muchos que piensan como él, aunque no lo digan. Sólo así se explica que, en nuestro país, las mujeres sigan cobrando por hora trabajada un 17% menos que los hombres, que representen el 72% de las personas ocupadas a tiempo parcial y que, todavía en 2017, cuando en una familia alguien tiene que dejar de trabajar para cuidar a los hijos, en el 96% de los casos sea la mujer quien lo hace. Todavía hay muchos que nos quieren en la casa y con la pata quebrada. Según un estudio elaborado por el Instituto Andaluz de la Mujer (IAM), el Centro de Estudios Andaluces y la Universidad de Málaga, a la hora de contratar a alguien para su empresa, el 30% de los empresarios prefiere contratar a un hombre. Como lo leen. Lo más grave del caso no es, sin embargo, que el machismo perdure en la sociedad española. Lo espeluznante es que, en los últimos años, hemos llegado a dar pasos para atrás. Los recursos para la lucha contra la violencia de género se desplomaron con la llegada de Rajoy a La Moncloa. Con la ministra Fátima Báñez como responsable de Empleo, en sólo tres años aumentó la brecha salarial de género hasta el 24%. Hoy hay 200.000 mujeres menos trabajando que a finales de 2008 y, además, el empleo femenino que se crea es mayoritariamente temporal y precario. Tenemos igualdad sobre el papel, pero falta alcanzar la igualdad real. Necesitamos una Ley de Igualdad Salarial que acabe con la discriminación primera que padecemos las mujeres: la económica. Y, cómo no, tenemos también que remar todos juntos para poner punto final a la máxima expresión de la desigualdad de género, la violencia machista, que en lo que va de año se ha llevado por delante la vida de 16 mujeres. Es responsabilidad de todos que el machismo se convierta en pasado. Queremos vivir y vivir con dignidad. Queremos una igualdad real y la queremos todos los días.

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