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Utopías posibles

Luis Ibáñez luque

Imposibles

La realidad nos ha dado una bofetada monumental. Aquello que creíamos imposible, ha sido posible

Si hace seis meses alguien nos hubiera hablado del estado de alarma, de estar confinados en casa, de que se iba a multar personas por caminar por la calle, hubiéramos respondido, sin pensarlo: "¡imposible!". Si nos hubieran dicho que un virus provocaría esta situación, hubiéramos dicho: "¡imposible!". Si hubieran añadido que la gente saldría a los balcones a aplaudir a la sanidad pública, que las escuelas trabajarían por medios electrónicos, o que el medio ambiente saldría muy beneficiado, el cachondeo hubiera sido unánime. Podríamos continuar: el impacto económico, las ayudas sociales, el papel de los gobiernos, la crisis que se avecina...

Pero la realidad nos ha dado, de nuevo, una bofetada monumental. Aquello que creíamos imposible, ha sido posible. Y eso, en sí mismo, es un valiosísimo aprendizaje, porque si todo lo anterior ha sido posible, tal vez otros imposibles puedan llegar a ser reales. Tanto en negativo, como en positivo.

Aunque hay infinitas opciones, hay dos imposibles muy claros, a mi modo de ver. El primero es que después de esto el capitalismo resurja aún con más fuerza. No andarse con titubeos ni con problemas de conciencia a la hora de recortar donde haga falta: sanidad, educación, servicios sociales, salarios, ganancias de las pequeñas empresas... con tal de salir del agujero. Si para hacer cumplir esto hay que usar la represión y la pérdida de derechos y libertades, que se use. Abrir la puerta y poner alfombra roja al fascismo, es una opción.

La otra opción sería situar a las personas por encima del mercado, sin miedo a buscar alternativas al capitalismo. No solo no recortar en cuestiones sociales, sino ampliarlas, cueste lo que cueste, para que si viniera otra situación de alarma podamos afrontarla mucho mejor. O incluso sin alarma, para mejorar nuestras vidas. Hacer caso omiso de los mensajes apocalípticos de los poderes económicos, que lanzarían de manera muy agresiva sus eslóganes. Reírnos amargamente de nosotros mismos, de cómo pudimos creer algún día en aquella idea del crecimiento infinito, base del capitalismo... pensar en los débiles, porque todos lo somos, y construir alternativas que no están hechas. Son imposibles.

Usted elige cuál es su imposible, entre estos u otros. Llevo días teniendo en mente las palabras de Silvio Rodríguez: "yo he preferido hablar de cosas imposibles, porque de lo posible se sabe demasiado".

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