Imposturas artísticas

El fingido artista del efectismo, en el fondo un artesano de la impostura, tiene una meta bien reconocible: la comercial

E L título de este artículo es un contrasentido pues ningún arte como tal puede ser impostado. Nos referimos aquí al arte efectista como al de la impostura, al de la falacia. Para acotar con precisión a que me refiero, procede definir con claridad el significado de efectismo aplicado al arte. El diccionario de la Real Academia define de forma genérica "efectista" como "que busca ante todo producir un fuerte efecto o impresión en el ánimo". Entre sus sinónimos figuran "artificioso", "falso" o "refulgente", y entre sus antónimos están "natural" o "sencillo". Aplicado al arte, el efectismo pretende hacerse pasar por sentimiento verdadero, capaz de producir en nosotros, con su fuego de artificio, la ilusión de una emoción auténtica. Pero nada más lejos de la realidad; en el fondo se trata de una impresión momentánea, que se extingue ipso facto. A poco que escarbemos un poquito sólo hallaremos considerable artillería del fingimiento. El arte efectista se vale de lo formulario, de la receta ya sabida, conocida y harto repetida. Su procedimiento es más técnico que emotivo, pues pretende subyugar con un falso virtuosismo, colocándose siempre muy por encima del contemplador, al que pretende conquistar por vía de la arrogancia, nunca de la poesía. En el fondo, una obra efectista es un producto maquiavélicamente manufacturado para intentar parecer lo que no es. La clave para distinguir al arte auténtico del efectista es la emoción del autor, su comunicación poética con el tema y el interés por el motivo. Un verdadero artista escoge trabajar sólo en aquello que le interesa por alguna razón, algo que le emociona, que ama o que detesta. Y es ese sentimiento de implicación con el motivo escogido el que, si es verdadero, se transmite íntegro al contemplador en toda época y lugar. Es la razón por la que muchas obras del pasado -e incluso de la antigüedad- tienen una vigencia poética asombrosa. El fingido artista del efectismo, en el fondo un artesano de la impostura, tiene una meta bien reconocible: la comercial. Formulario, efectista y comercial son adjetivos que figuran unidos en su aplicación al falso arte de hoy, en cualquier tendencia o soporte. Y desgraciadamente cada vez es más difícil para la mayoría, en un mundo con saturación de provocaciones visuales, separar el grano de la paja.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios