La Cámara de Comercio almeriense le ha otorgado a Jesús Miranda Hita su máxima distinción: la medalla de oro de la institución empresarial. Y se preguntará más de uno, ¿quién es Jesús Miranda? Con lo poco que duran las noticias hoy en día (y menos todavía las buenas) es normal que se hagan esa pregunta. Los más viejos del lugar puede que se acuerden de que Jesús formaba parte del Trío Richoly, junto con su hermano Paco Luís y el propio José Fernández "Richoly". Los de edad mediana a lo mejor recuerdan que desempeñó numerosos altos cargos públicos con distintas administraciones del PP y del PSOE, dada su alta cualificación. El más relevante para Almería -alguien más se acordará, porque apenas hace siete años- fue su paso por el Ministerio de Fomento del que fue Subsecretario, paso que aprovechó para hincarle el diente a las obras del AVE que llevaban "en cartera" desde el siglo pasado. Recuerden que Aznar nos prometió el AVE para los Juegos Mediterráneos de 2005. Bueno, pues hasta 2010 no se le metió mano a la obra gracias a Jesús, quien vino en 2011 con la tuneladora Alcazaba debajo del brazo y se hicieron los túneles de Los Gafarillos. Se fue del Ministerio en 2012 y se paró la obra inmediatamente. ¿Se paró? No, las obras no se paran solas. Las pararon. Es más, un aciago día vino el ínclito diputado "almeriense" Rafael Hernando con un palustre y una espuerta de ladrillos y tapó las bocas de los túneles. Se ve que le tenían ganas. Como dijo Miranda en su discurso de agradecimiento por el homenaje, "a algunos parecía que cada dovela que se ponía en los túneles les caía en su cabeza".

A muchos almerienses el tapiado de los túneles nos pareció ofensivo y desasosegante, porque suponía que las obras se posponían hasta la eternidad. Y más allá, que decía Buzz Ligthyear. Insistimos en este aspecto porque no fue el tema principal de la intervención del homenajeado, ni mucho menos, y no ha sido destacado debidamente. Sí se comentó mucho entre los asistentes el deseo que expresó Jesús de que esta medalla se la hubieran dado también a sus sucesores en el cargo de Fomento. Por cierto, el discurso fue excelente, no solo en el contenido, sino en el continente: una pieza oratoria muy bien elaborada, amena, documentada y elegante. Entendemos que estos homenajes deben hacerse así, en vida del galardonado, y no esperar al obituario, que ya tuvimos un ejemplo, ampliamente seguido, con el discurso de Zorrilla en el entierro de Larra.

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