Libertad Quijotesca

Juglares del Progreso

El ansia de poder deja vacía de contenido la palabra "progreso": Suena a cuento cursi y trasnochado

Heredamos del latín la palabra progreso, que significa "avance, ir adelante". Se incorporó al castellano en el siglo XV con la misma acepción. No tomaría su significado actual hasta el Siglo de las Luces, la apasionante centuria del XVIII. Por una parte, significa "avance permanente de la técnica y de la ciencia", y en el ámbito humano "desarrollo continuo y general de la civilización y la cultura". En menos que canta un gallo, el lenguaje político lo adopto con apasionado interés acuñando los términos "progre o progresista". Nuestra inmisericorde partidocracia, alentados por sus patrocinadores y patrocinados, nos fustiga a diario con estas, que digo palabras, eso no les hace justicia, son ya blasones de calidad moral incontestables. ¡Caigan sobre nosotros, pobres mortales, todas las maldiciones del infierno si dudamos de su certeza civilizadora y justiciera! Otelo y Yago han descubierto el fuego ellos solitos. Sus juglares no cesan de transitar plazas, calles y mercados para anunciarnos la gesta de estos caballeros de brillante armadura: quieren que tengamos "un gobierno rotundamente progresista". No mas penas, incertidumbres ni zozobras. Pensiones garantizadas, empleo y salarios que nos permitan vivir con dignidad. No más redes clientelares, ni corrupción. Se han acordado de Montesquieu, y por fin la separación de poderes existirá en nuestra maltratada democracia. Con un poco de suerte, también se ponen a estudiar a Jovellanos, lo que le vendría muy bien a la agricultura española en general, y a la almeriense en particular. Arturo partió de Génova para buscar a la Dama del Lago, a ver si le otorga sabiduría gobernante. Lanzarote dejó el castillo para expiar sus yerros por rodearse de serviles consejeros, que tampoco supieron decir no cuando debían, con tal de no perder asiento ni pleitesías. ¡Qué bien les vendría leer El naranjo de Carlos Fuentes! Suenan laudes, dulzainas y tambores, desgranando los quebrantos de la bella España, que paciente espera prisionera en una alta torre a su héroe salvífico. No estamos para cuentos. Necesitamos honradez, responsabilidad y pragmatismo para regenerar nuestra democracia. Gobernantes en vez de torpes amantes del poder. Sólo entonces la palabra "progreso" cobrará verdadero sentido en nuestra vida diaria, en el ser y estar de nuestra nación, en el haber y tener de los españoles. Perdices en el campo.

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