Tabula Rasa

Julia Uceda, mujer y victoria

La soledad y el dolor se constituyen como uno de los pilares que marcan la madurez intelectual de la poeta

And a woman walked and walked and walked" es la última antología de Julia Uceda que recoge una cuidada selección de sus poemas, a cargo de Francisco Uceda, Redactor, Introducción, Traductor; María José Zubieta, Prólogo y Traductor; Mary Arroyo Oliver, Traductor; Lola Jourdan, Traductor; Alexa Mamoulides, Traductor; Carlos Martínez-Davis, Traductor. Una antología que recorre, a lo largo de una selección de poemas, la historia que verso tras verso ha hilvanado la primera mujer en recibir el Premio Nacional de Literatura, Julia Uceda. Una delicatessen sólo para paladares exigentes, que cobra forma de libro y con la que el lector podrá adentrarse en el universo más inmediato de una de las autoras más significativas del siglo XX. La búsqueda de la identidad se torna como una de las preocupaciones que más se presentan en el discurso poético de la escritora que, como mujer, como fémina inquebrantable erguida sobre el barro que sustenta a los hombres, se alza contra un mundo patriarcal y jerárquico. La soledad y el dolor se constituyen como uno de los pilares que marcan la madurez intelectual de la poeta. La soledad, como resultado de la necesidad de no formar parte de un sistema caduco, donde la humanidad había perdido a priori la batalla; y el dolor, como resultado de una lucha fratricida contra el propio ser humano, contra el caos, contra el abismo, contra el orden natural de las cosas. Así, la infancia y la memoria se tornan parte vertebral de sus versos. Julia Uceda instituye sobre ellas la reestructuración del ser a través de la ética, la libertad y la responsabilidad. Pues es consciente que la única patria a la que pertenece el ser humano es su niñez y el recuerdo. Como la luz que guía la construcción de ese ser y también como refugio inquebrantable de los valores y los principios que le representan. La casa que habitamos y que aún queda en pie, a pesar de haber perdido las manos, los brazos, el alma. Quizás, es por ello, por lo que Julia Uceda lucha contra el propio lenguaje, contra la propia naturaleza de sus símbolos en una intento de rescribir los matices y las texturas que se esconden detrás de él. En primer lugar, para doblegar la censura que sometían a las libertades del ser en el pasado; y, por otro lado, en un ejercicio de justicia poética, donde el universo más inmediato del individuo necesitaba una nueva oportunidad para reconducir un lenguaje que había sido corrompido por el fascismo y por las guerras que doblegaron la razón, en post de un mundo que nunca existió. Julia Uceda ha sobrevivido luchando día tras día, reivindicando la condición de la mujer y dando la oportunidad a las generaciones venideras que todo aún es posible y que sólo el mero hecho de vivir es ya una victoria.

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