Limpieza y orden

Del buscado encuentro entre amas de casa influyentes y estereotipos de género resulta un lucrativo beneficio

Ni el sustantivo, no académico, "influenciador", ni el adjetivo, todavía no sustantivado, "influyente", han desplazado al "influencer", traducido como hombre -digamos persona- de influencia. Por méritos no siempre importantes y con una credibilidad reconocida sin muchas razones a propósito, tales personas, generalmente muy activas y prolíficas en el pasto de las redes sociales, interesan sobremanera a las marcas comerciales porque, eso mismo, influyen en las tendencias y, sobre todo, en el consumo.

Los asuntos de género, término este último referido a los grupos en que se reparten los seres humanos de cada sexo -para que no todo quede en lo biológico, sino también se incluya lo sociocultural-, deben ser beligerantes con los estereotipos, dado que la vigilancia y la corrección de estos son repetidos argumentos en los discursos de género. Pues bien, del buscado encuentro entre amas de casa influyentes y estereotipos de género resulta un lucrativo beneficio. Tiene que ver con ello, aunque también merecería atención aparte, el interés social por limpieza y el orden, que hace pasar por caja a muchos influidos por la bondad de los productos de limpieza que utilizan influyentes y hacendosas mujeres en las muy pulcras estancias de sus moradas. Como "influenciadoras de la limpieza" se las conoce ("cleaning influencers") y con millones de seguidores cuentan en las redes sociales estas amas de casas de suelos relimpios y encimeras brillantes. Graban vídeos en sus más domésticas ocupaciones de limpieza y desinfección de objetos caseros, sus apellidos ponen nombre de marca a productos con los que lograr esos impecables resultados, e incluso escriben libros para dar fundamento y detalle a las más variopintas destrezas limpiadoras.

¿Qué razones llevan al nuevo protagonismo de estas "influenciadoras" para el consumo de productos como una almohadilla de limpieza antibacteriana? Entre otras, parece que el hartazgo ante el glamur artificial e inauténtico, con un estilo de vida ajeno al del común de los mortales que tienen la casa hecha una leonera. Puesto que las "influenciadoras" y sus seguidoras son una legión de mujeres, no deben demorarse mucho las correcciones del estereotipo ante esta lucrativa muestra. Por cierto, tengo un amigo con obsesiones compulsivas de limpieza que podría enriquecerse, además de por sus singulares manías, como "influenciador" igualitario.

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