MANOLO PÉREZ ROJAS

Dotado de variados talentos para las artes y la música, su dedicación principal fue la de un investigador serio y profundo

En la tarde del pasado jueves asistimos en el Huerto Ruano de Lorca a la apertura de una exposición en homenaje a Manuel Pérez Rojas, recientemente fallecido, comisariada por su hermano, el prestigioso historiador del Arte y catedrático de la universidad de Valencia Javier Pérez Rojas. Manolo nació en Huércal-Overa en 1935 y, dotado de variados talentos para las artes y la música, su dedicación principal fue la de un investigador serio y profundo, oculto y silencioso. Manolo fue, acaso, el mayor experto de la España contemporánea en escritura tartésica e ibérica. En Madrid culminó sus estudios de Derecho en 1966, pero pronto dirigió sus pasos hacia su verdadera obsesión arqueológica: el mundo ibérico y tartésico. A finales de los setenta culminó su tesis sobre epigrafía paleohispánica, que recibió la más alta calificación del tribunal, algunos de cuyos miembros, como el catedrático de Historia Antigua José María Blazquez Martínez, le aconsejaron su inmediata publicación, cosa que no hizo. Fue profesor de Derecho Civil en la Complutense e impartió cursos de doctorado. Fue además discípulo de Julio Caro Baroja y conoció personalmente a Manuel Gómez Moreno, del que recibió indicaciones y consejos cuando se imprimía la publicación sobre Escritura Bástulo-turdetana del investigador granadino. Las investigaciones de Manolo sobre epigráfica tartésica son una actualización del proceder de estos dos historiadores, desde una perspectiva estructuralista. Tras su jubilación se instaló en Lorca y se incorporó activamente a la vida cultural de la ciudad, vinculándose especialmente a su museo arqueológico. Publicó artículos en revistas especializadas y dejó a su muerte sin publicar el grueso de su legado, lo que ha contribuido a que su nombre fuese tan solo conocido y muy valorado en círculos muy pequeños y especializados. Casi a punto para su edición dejó un Manual para universitarios de epigrafía ibérica y sobre todo el Corpus de pesas y medidas de la España prerromana. Hombre dotado de una gran sensibilidad, visitante asiduo de museos, excelente pianista y pintor en ciernes, la figura de Manolo necesita una puesta en valor que contemple la publicación de sus investigaciones, un trabajo desarrollado durante décadas que abriría caminos y alumbraría a muchos especialistas en la materia; hurtarles su aportación sería una pérdida que atrasaría el desarrollo histórico de estos estudios.

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