El callejón del gato

METAMORFOSIS

Ahora anda mendigando un Ministerio a Pedro Sánchez para consolidar su pertenencia a la casta

Cuando vi llorar desconsolada a la alcaldesa de Barcelona en una entrevista porque cuando salió del ayuntamiento después de haber tomado posesión, sufrió una sarta de abucheos por parte de los independentistas que se sintieron traicionados, me dije: ésta no es la imagen de la Ada Colau que yo conocí, ni la que representa a los aguerridos votantes de Barcelona en Comu. ¿Pues no era esta señora la que encabezaba cualquier escrache que se organizara en el barrio contra el poder establecido? ¿Acaso se le conocen otros méritos que no sea su protagonismo allá donde se produjera una movida antisistema sin límite alguno en cuanto a expresiones se refiere? Cómo cambian algunos al arrimo del poder y al de los beneficios que el poder conlleva. Y no es la única política que una vez instalada en el sistema sufre una metamorfosis. De aquel Pablo Iglesias dispuesto a erigirse en el enviado para acabar con la casta, lo único que queda es la coleta. La palabra casta hace tiempo que desapareció de su vocabulario. Y aquellas proclamas televisivas contra la transición, y su objetivo de dar el sorpasso al PSOE para instalarse en el Gobierno y acabar con el régimen del 78 que, según sus primeras intervenciones, fue la sucesión del franquismo, se han desvanecido en el confort de un escaño en el Congreso de los Diputados. Haberlo visto en sus últimas apariciones debatiendo con la Constitución en la mano, defendiendo sus argumentos basándose en el contenido de sus artículos, indican una conversión semejante a la que experimentó su tocayo Pablo cuando se cayó del caballo. Ahora anda mendigando un Ministerio a Pedro Sánchez para consolidar su pertenencia a la casta y al sistema establecido en el régimen constitucional del 78. En cuanto a Albert Ribera, crea un partido para combatir el nacionalismo en Cataluña y con ese aval extiende su presencia en la política del Estado. Una vez instalado, su propósito es desbancar al PP y hacer de Ciudadanos el principal partido de la oposición. Su discurso sigue siendo la defensa de la unidad de España frente a los separatistas. Pero en el fondo los necesita y su estrategia es maquiavélica. Dice que combatir el independentismo es su principal objetivo pero lo utiliza como arma para reprocharle al PSOE que gobierne con su apoyo. Podría evitar la influencia de los nacionalistas y de Bildu votando a favor de Pedro Sánchez, pero no lo hace porque los necesita para combatir al partido socialista.

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