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Magia, mitología, religión y ciencia

Como actividades humanas, las cuatro no dejan de participar de los vicios y de las virtudes de los individuos que de ellas participan

En general, necesitamos que una de ellas esté en el centro de nuestra vida. Al igual que el disfrute de una lectura precisa de un contexto, nuestra actitud en cada momento vivido no tiene por qué ser la misma (porque no es lo mismo leer poesía que leer un prospecto farmacéutico, ni un teorema matemático se lee igual que El Jueves). Precisamente por eso, y al igual que con la lectura, si no somos capaces de tener múltiples registros para vivir cada instante, seremos incapaces de sacarle partido a la vida. Por eso, en alguna ocasión, les he comentado a mis estudiantes de matemáticas que han de leerse, al menos, un libro de literatura (ajeno a las matemáticas) al año si quieren ser personas, además de matemáticos. Por otra parte, no disfrutar de la realidad muchas veces será por un mal entendido interés propio o bien por discapacidad no atribuible a la voluntad del individuo. No es lo mismo cómo vive una realidad de injusticia un administrador del bien común y cómo la vive la víctima directa del crimen perpetrado. Para ésta, el mundo ya no se podrá leer de la misma manera hasta que no hayan cicatrizado las heridas causadas por el golpe recibido. Para aquél, se tratará de un día más triste de lo habitual, sin duda, pero tendrá que seguir administrando su servicio con la misma profesionalidad que cualquier otro día. A la víctima se le perdonará todo, y al administrador se le exigirá todo.

No debemos renegar de ninguna de estas cuatro facetas que propongo vivir a tope cada vez que sea posible, reconociendo el respectivo ámbito de cada una de ellas: queremos recibir la mejor suerte de las cosas, hemos de saber que nuestra experiencia humana resulta similar a la de otro ser en cualquier momento histórico, hemos de reconocer personal y solidariamente nuestra finitud trascendente, y podemos participar de la verdad contrastable de las cosas. Son cuatro dimensiones irrenunciables para el ser humano. Del mismo modo, cada una tiene su ámbito de aplicación y sus propias limitaciones, y como actividades humanas que son, las cuatro no dejan de participar de los vicios y de las virtudes de los individuos que de ellas asimismo participan.

Lo que es lamentable es el bajo nivel de compromiso intelectual y de honradez ética con el que muchas personas se acercan a la vida: da igual el contexto en el que desarrollen sus vidas; lo único importante es que sus diferentes experiencias confirmen sus creencias y anhelos. Jocosamente, los matemáticos llamamos a esa actitud "el teorema del punto gordo", y una de sus lecturas dice que dos rectas paralelas siempre se cortan donde tú quieras.

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