Major Tom

La carrera espacial es cosa de americanos y rusos, de grandes mentes y elaborados y tecnológicos proyectos.

La carrera espacial es cosa de americanos y rusos, de grandes mentes y elaborados y tecnológicos proyectos. Dices la NASA y dices la ciencia-ficción, la superorganización. Hasta hace poco ninguno más podía aspirar a participar en esa leyenda. Hasta que el mundo se hizo global y ya todos fuimos astronautas, incluso los españoles. Y después, hasta ministros. Pero antes también estábamos allí, formado parte de ese reloj lleno de piezas pequeñas pero imprescindibles. Antes que todos los ministros estuvo José Manuel Grandela, en la llegada a la Luna, la buena, porque luego realmente no ha pasado nada. En eso estamos. Este señor, radiotelegrafista, vio un anuncio, llamó y ya está. Fue testigo y participó en el viaje de verdad, el del pequeño paso para el hombre (o un hombre, según las versiones más ortodoxas) y el gran paso para la humanidad. Y se recuerda por radios y libros la pequeña gran hazaña. Resulta curioso que en todo el maremágnum tecnológico necesario fuese destacable que hasta se tenía que investigar para conseguir un bolígrafo espacial. Sí, porque si no, a ver como apuntaban las cosas. Porque los bolígrafos al uso no funcionan sin gravedad. Se propuso llevar lápices pero fueron descartados porque si se rompía una pequeña parte del grafito, podía formar un caos haciendo cortocircuitos en la maraña de conexiones eléctricas. Se investigó y se consiguió un prototipo de tinta impulsada, pero su coste por unidad eran 190 dólares de la época, dejando el proyecto de lado hasta que una marca comercial se ofreció a fabricarlos gratis para promocionar la marca. Y con todo así, el resto, que según dice Grandela es milimétricamente exacto a la película de Tom Hanks, parece ya pan comido. Todos los cálculos, todos los genios, todos los físicos, se resumen en la anécdota del boli con un cartucho presurizado por nitrógeno. Yo soy alguien poco interesado en misiones espaciales, igual que la mayoría ya que después de lo de la Luna, nunca ha habido algo interesante. Que si se ha encontrado un exoplaneta en otra galaxia, que si una sonda se está acercando al sol, que si hay una estación espacial donde va cualquiera, que si un carrioche esta en Marte buscando piedras. Pero como lo de la Luna nada. Hasta que no lleguemos a Marte y otro Armstrong de otro pequeño paso para el o un hombre, todo dará igual. Pero ya no les hará falta bolígrafos, ni radiotelegrafistas españoles.

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