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María en la azotea

La casualidad a veces alumbra lo que precisamente está bien a la luz pero no parece verse, aunque sea en una azotea

Una cosa es la vigilancia, curiosa y hasta casquivana, de la intimidad, aceptada por los participantes en un concurso televisivo, para convertirse en protagonistas de Gran Hermano, y otra el argumento de George Orwell, en su novela 1984, con su personaje principal Gran Hermano, o Hermano Mayor, al que nadie conoce pero siempre está presente. Con desafortunada seguridad, el Gran Hermano orwelliano será bastante más desconocido que la pública intimidad de eso que hasta se dijo experimento sociológico, para dar algo de empaque distinguido a las peripecias de los expuestos a un baboso escrutinio público.

El helicóptero de la Vuelta Ciclista a España no está a las órdenes de los mandatarios del Ingsoc, el partido único con un omnipresente apartado de propaganda y, sobre todo, una férrea, minuciosa e invasiva vigilancia de los ciudadanos, tal como imagino Orwell. Ni viene al caso un Ministerio de la Verdad -aunque la idea parezca tentar- a fin de cambiar el pasado y el presente a beneficio de la coyuntura, como también fraguó en su novela el escritor y periodista británico. Nada de eso, sino la sorpresa del piloto o del cámara de La Vuelta cuando, en una azotea de la ciudad barcelonesa de Igualada, aparecieron bien lustrosas unas cuarenta plantas de maría. Expresión jergal de marihuana, o de mariguana, que bendice -el uso, no la maría- la Academia para aludir al cáñamo índico, como producto para preparaciones, consumidas de distintas formas, aunque principalmente se fume, con propiedades estupefacientes si bien asimismo terapéuticas en algunos casos.

Ya que la etapa no fue especialmente vibrante, como en esos puertos abruptos y de pendientes asfixiantes, que necesitan de la heroicidad y la extenuación, muchos espectadores en el duermevela de la siesta se espabilaron algo perplejos con la nutrida y vigorosa plantación de una azotea, a falta de esos frondosos paisajes, cada vez más reducidos, entre los que serpentean los ciclista en sus epopeyas kilométricas. De modo que se hizo viral -tal es la acogida que otorga el hervidero de las redes sociales- el descubrimiento de esta herboristería clandestina cuyos regentes parecían haberse dado el piro días antes de que los Mozos de Escuadra decomisaran tan psicotrópico vergel. Luego no son necesarias maquinaciones de Gran Hermano, ni siquiera pesquisas policiales, solo la casualidad con que a veces se alumbra lo que precisamente está bien a la luz pero no parece verse.

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